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El Futuro del PSOE

“¿El futuro del PSOE? ¿Es necesario todo un artículo para hablar de eso? El futuro del PSOE es corto y negro”, podría decir algún lector. Sin embargo, es interesante analizar el abanico de posibilidades que se pueden plantear tras la elección del secretario general de los socioliberales. Tres son los candidatos que se presentan a la secretaría general (Pedro Sánchez, Eduardo Madina, y José Antonio Pérez Tapias), y tres son las cuestiones que me planteo al respecto.

Por un lado, Pedro Sánchez y Eduardo Madina representan claramente a las dos grandes alas del aparato socioliberal del PSOE: El primero de ellos es, esencialmente, la versión joven de Rubalcaba, tal vez algo más a la derecha. Es curioso que haya sido tan intensamente respaldado por las empresas de comunicación ideológicamente más conservadoras de nuestro país (13Tv le respaldaba claramente hasta que realizó unas declaraciones pro-abortistas). En cambio, el candidato Madina era considerablemente atacado por dichas empresas de comunicación, y defendido por aquellas otras que podríamos calificar de liberal-progresistas, es decir, al servicio de la burguesía progresista, que defiende el actual sistema político, económico y social, pero desde una óptica algo más abierta en relación a los derechos civiles (aborto, matrimonio gay…). Por último, Pérez Tapias, el único candidato de izquierdas, ha sido, en la mayoría de los casos, directamente obviado por las empresas de comunicación.

La historia tiene esa mezquina costumbre de repetirse una y otra vez, y no puedo dejar de ver aquí aquellos tiempos de los primeros gobiernos del PSOE, en los que los medios de comunicación nos presentaban a Felipe González, el “poli malo”, el representante del ala conservadora del PSOE, y, en contraposición a éste, a Alfonso Guerra, el “poli bueno”, el representante del ala izquierdista del partido. Obviaban las empresas de comunicación que tanto Felipe como Guerra habían sido tándem en el congreso de Suresnes, dónde se arrebató el partido a los socialistas históricos, y en el congreso de 1979, donde se abandonó el marxismo como referencia y, con ello, se abandonaron también todas las bases ideológicas del partido. Obviaban, también, las empresas de comunicación, que la alternativa a éste binomio existía, que se llamaba Izquierda Socialista, que se había opuesto al Felipe-Guerrismo, a la renuncia a las ideas del partido, y que tenía un liderazgo alternativo, compuesto por personas como Rodolfo Llopis o Pablo Castellano (incluso Tierno Galván en ciertos momentos). Ese mismo esquema trinomial es el que estamos viendo hoy con Sánchez, Mádina, y Pérez Tapias. Y es que la forma más eficiente de destruir a un candidato no es hablando mal de él, sino haciéndolo desaparecer, tal y como están haciendo las empresas que se dedican a la comunicación con el candidato Pérez Tapias. Cuando esto se combina con la constante presentación de dos candidatos, que aparecen como alternativos (poli bueno y poli malo) y sin visualizar, precisamente, a aquél candidato que presenta una propuesta diferente, a la luz de la cual, poca diferencia hay entre Madina y Sánchez, provoca la falsa apariencia de que hay un pluralismo ideológico, y una verdadera diferencia de proyecto. No digo con esto que Madina y Sánchez sean iguales (que no lo son), pero sus diferencias son de matiz, y no de proyecto, de la misma forma que el PP y el PSOE no son iguales, pero sus diferencias también son de matices y no de proyecto.

El funcionamiento de esta elección dentro del PSOE es el mismo que el funcionamiento de las elecciones en el Estado, especialmente en cuanto a la labor que ejercen las empresas de comunicación, ligadas unas a la burguesía conservadora, y, por tanto, defensoras de la ideología liberal-conservadora; y otras ligadas a la burguesía progresista y, por tanto, ligadas a la ideología liberal-progresista. Ambos tipos de empresas siguen más o menos la misma estrategia: el relato constante de la lucha entre el PP y el PSOE (favoreciendo a uno u otro en esa lucha) y enalteciendo la presunta rivalidad entre ambos como si realmente hubiese diferencias de proyecto, mientras ocultan a todas las organizaciones políticas que ofertan un proyecto de estado alternativo. De aquí, se podría inferir que el PSOE no solo convive con el Régimen, no solo es, desde hace 35 años, una de las dos patas que sostienen el Régimen, sino que el propio partido se ha identificado tanto con el sistema monárquico-liberal del 78, que se ha convertido en un reflejo de éste.  Si asumimos esta inferencia como cierta, debemos asumir también el preocupante corolario que de ella se deduce, que no es otro que el hecho de que ya no podemos “consolarnos” pensando que hay una cara conservadora y otra progresista del régimen, pues, el PSOE, al convertirse en un reflejo del régimen en su totalidad, ha pasado a abarcar la totalidad ideológica de dicho régimen, ha pasado a ocupar una posición central que abarca desde el liberalismo-conservador hasta el socioliberalismo. La cara “progre” del régimen ya no existe.

Finalmente, me gustaría hacer una breve reflexión sobre lo que ocurriría si el candidato alternativo, Pérez Tapias, ganase, o perdiese. Comenzaré suponiendo que gana. Nos encontraríamos ante una situación realmente difícil, un socialdemócrata clásico (incluso un socialista democrático) al frente de un partido que lleva 35 años ejerciendo una política neoliberal, un republicano al frente de un partido que ha defendido la coronación de Felipe VI, y se ha negado a someter a referéndum la cuestión de la forma del estado. Sería verdaderamente una situación difícil, y, probablemente, corta, como lo fue aquella experiencia de Borrell (mucho más domesticado que Tapias) como candidato del PSOE. Es, además, una situación enormemente improbable, al menos, a mi juicio, por eso considero más interesante la otra opción: qué pasa si Tapias pierde. Probablemente, si pierde con un 1% de los votos, no pase nada, su posición es minoritaria, quedará claro que el partido es de todo menos socialista, y se acabó. Ahora, bien, si pierde con un número significativo de votos, como ocurrió con Mélenchon en Francia, no sería de extrañar que Izquierda Socialista siguiese el mismo camino que el de sus homólogos franceses, la ruptura con el PSOE, y la formación de un partido socialista de izquierdas, integrado en un frente amplio de izquierdas como puede ser, en el caso de España, Izquierda Unida o, tal vez, una hipotética unión entre IU, Podemos, y otros movimientos. Más aún, me atrevería a decir que , si no lo hiciesen, estarían perdiendo una oportunidad histórica, y cometiendo un error para nada entendible desde la óptica de un socialista desencantado con un partido que, podrá llamarse socialista, obrero y español, pero es neoliberal, burgués, y más alemán y yanqui que otra cosa.

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La Socialdemocracia Reaccionaria II

En la anterior entrada habíamos visto las diferencias entre izquierdas y derechas, el surgimiento del liberalismo, las revoluciones liberales que auparon a la burguesía al poder, desplazando a la aristocracia y creando un nuevo orden social, que trajo como consecuencia unas nuevas relaciones de producción y la creación de una nueva clase social oprimida y revolucionaria: el proletariado, lo cual provoca la aparición del socialismo.

En el marco de la lucha entre el socialismo y el capitalismo, apareció una nueva facción dentro de la izquierda, una facción reformista que nace en el seno del marxista Partido Socialdemócrata Alemán: La socialdemocracia, cuyo primer teórico es Eduard Bernstein quien, en 1899, publica Las Premisas del Socialismo y las Tareas de la Socialdemocracia, libro en el que califica de erróneas las premisas de Marx y rechaza la revolución como medio para conseguir el socialismo, el cual debe alcanzarse mediante la reforma y el parlamentarismo. Es evidente que esta ideología daba la espalda a aspectos fundamentales del marxismo, pero no por ello era reaccionaria, seguía siendo un pensamiento de izquierdas que ocupaba ahora la posición de la izquierda reformista y moderada. Las tesis de E. Bernstein fueron inicialmente rechazadas por el Partido Socialdemócrata Alemán pero, paulatinamente, sus defensores irían haciéndose con el control del partido. Esto provocó que el ala marxista, liderada por Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, se escindiera del partido para formar la Liga Espartaquista, partido que protagonizaría una revolución en 1919, que fue duramente reprimida por el gobierno de, nada más y nada menos, que el Partido Socialdemócrata Alemán. Muchos miembros de la Liga Espartaquista, entre ellos Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, fueron asesinados. El SPD frustró una revolución por el socialismo y contra el capitalismo. La socialdemocracia comenzaba a mostrar su cara reaccionaria.

Poco a poco, los socialdemócratas dejaron de hablar de burgueses y proletarios, de nacionalizaciones…comenzaron a defender el régimen capitalista, intentando darle un toque más humano: capitalismo, pero con sanidad pública; capitalismo, pero con negociación colectiva y derecho a huelga; capitalismo; pero con educación pública…De esta forma esperaban tener el apoyo de la clase trabajadora para la socialdemocracia y, por tanto, para el capitalismo, evitando así que el proletariado pudiera tener tentaciones revolucionarias. Así, la socialdemocracia pasa a defender el capitalismo y a rechazar el socialismo.

Pero aún había un último brillo izquierdista en la socialdemocracia europea de la segunda mitad del siglo XX. En Suecia, el primer ministro, Olof Palme, lucha ferozmente contra el neoliberalismo de Reagan y Thatcher, luchando por salvar los últimos restos izquierdistas de la socialdemocracia. Le costó la vida. Fue asesinado, nadie fue declarado culpable, y en 2011 su asesinato prescribiría y los culpables quedarían impunes, si bien es posible que alguno de los autores intelectuales de su asesinato esté ya criando malvas en alguno de esos verdes y planos cementerios de las películas americanas, enterrado entre barras y estrellas.

Con Olof Palme, murieron los últimos restos izquierdistas de la socialdemocracia. La socialdemocracia, otrora versión reformista del socialismo, se había convertido en defensora de los intereses del capitalismo: Luchaba contra las revoluciones socialistas, se oponía a la nacionalización de los sectores estratégicos de la producción, es más, su programa económico se basaba en la liberalización de la economía, el libre mercado, y la privatización de las empresas públicas. Dejó de defender a los trabajadores, y empezó a servir a la patronal. Habitualmente se teñían de centro-izquierda incorporando a su programa medidas sociales que, dado su modelo económico, sabían que no iban a poder cumplir (Así que ibas a igualar la pensión mínima al salario mínimo… ¿Verdad, Felipe?; con que el pleno empleo… ¿No era eso lo que prometías, Zapatero?).

La socialdemocracia era ya completamente reaccionaria y de derechas. Las demostraciones más descaradas de este hecho fueron por un lado, la llamadaAgenda 2010, del canciller Schröder, que suponía la implantación de medidas económicas profundamente capitalistas y la destrucción de los avances sociales conseguidos por los socialistas y los propios socialdemócratas, y por otro lado, la actuación de los partidos socialdemócratas europeos (incluyendo aquellos que tienen la enorme desfachatez de hacerse llamar socialistas) durante la actual crisis económica, donde rechazan definitivamente el capitalismo moderado de Keynes,  y buscan la solución en las posturas del capitalismo radical defendidos por la Escuela de Chicago de Milton Friedman (quien, por cierto, es el teórico del modelo económico defendido por gente de la talla del genocida y criminal de guerra George Walker Bush o de los ultraconservadores Reagan y Thatcher).

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