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El Futuro del PSOE

“¿El futuro del PSOE? ¿Es necesario todo un artículo para hablar de eso? El futuro del PSOE es corto y negro”, podría decir algún lector. Sin embargo, es interesante analizar el abanico de posibilidades que se pueden plantear tras la elección del secretario general de los socioliberales. Tres son los candidatos que se presentan a la secretaría general (Pedro Sánchez, Eduardo Madina, y José Antonio Pérez Tapias), y tres son las cuestiones que me planteo al respecto.

Por un lado, Pedro Sánchez y Eduardo Madina representan claramente a las dos grandes alas del aparato socioliberal del PSOE: El primero de ellos es, esencialmente, la versión joven de Rubalcaba, tal vez algo más a la derecha. Es curioso que haya sido tan intensamente respaldado por las empresas de comunicación ideológicamente más conservadoras de nuestro país (13Tv le respaldaba claramente hasta que realizó unas declaraciones pro-abortistas). En cambio, el candidato Madina era considerablemente atacado por dichas empresas de comunicación, y defendido por aquellas otras que podríamos calificar de liberal-progresistas, es decir, al servicio de la burguesía progresista, que defiende el actual sistema político, económico y social, pero desde una óptica algo más abierta en relación a los derechos civiles (aborto, matrimonio gay…). Por último, Pérez Tapias, el único candidato de izquierdas, ha sido, en la mayoría de los casos, directamente obviado por las empresas de comunicación.

La historia tiene esa mezquina costumbre de repetirse una y otra vez, y no puedo dejar de ver aquí aquellos tiempos de los primeros gobiernos del PSOE, en los que los medios de comunicación nos presentaban a Felipe González, el “poli malo”, el representante del ala conservadora del PSOE, y, en contraposición a éste, a Alfonso Guerra, el “poli bueno”, el representante del ala izquierdista del partido. Obviaban las empresas de comunicación que tanto Felipe como Guerra habían sido tándem en el congreso de Suresnes, dónde se arrebató el partido a los socialistas históricos, y en el congreso de 1979, donde se abandonó el marxismo como referencia y, con ello, se abandonaron también todas las bases ideológicas del partido. Obviaban, también, las empresas de comunicación, que la alternativa a éste binomio existía, que se llamaba Izquierda Socialista, que se había opuesto al Felipe-Guerrismo, a la renuncia a las ideas del partido, y que tenía un liderazgo alternativo, compuesto por personas como Rodolfo Llopis o Pablo Castellano (incluso Tierno Galván en ciertos momentos). Ese mismo esquema trinomial es el que estamos viendo hoy con Sánchez, Mádina, y Pérez Tapias. Y es que la forma más eficiente de destruir a un candidato no es hablando mal de él, sino haciéndolo desaparecer, tal y como están haciendo las empresas que se dedican a la comunicación con el candidato Pérez Tapias. Cuando esto se combina con la constante presentación de dos candidatos, que aparecen como alternativos (poli bueno y poli malo) y sin visualizar, precisamente, a aquél candidato que presenta una propuesta diferente, a la luz de la cual, poca diferencia hay entre Madina y Sánchez, provoca la falsa apariencia de que hay un pluralismo ideológico, y una verdadera diferencia de proyecto. No digo con esto que Madina y Sánchez sean iguales (que no lo son), pero sus diferencias son de matiz, y no de proyecto, de la misma forma que el PP y el PSOE no son iguales, pero sus diferencias también son de matices y no de proyecto.

El funcionamiento de esta elección dentro del PSOE es el mismo que el funcionamiento de las elecciones en el Estado, especialmente en cuanto a la labor que ejercen las empresas de comunicación, ligadas unas a la burguesía conservadora, y, por tanto, defensoras de la ideología liberal-conservadora; y otras ligadas a la burguesía progresista y, por tanto, ligadas a la ideología liberal-progresista. Ambos tipos de empresas siguen más o menos la misma estrategia: el relato constante de la lucha entre el PP y el PSOE (favoreciendo a uno u otro en esa lucha) y enalteciendo la presunta rivalidad entre ambos como si realmente hubiese diferencias de proyecto, mientras ocultan a todas las organizaciones políticas que ofertan un proyecto de estado alternativo. De aquí, se podría inferir que el PSOE no solo convive con el Régimen, no solo es, desde hace 35 años, una de las dos patas que sostienen el Régimen, sino que el propio partido se ha identificado tanto con el sistema monárquico-liberal del 78, que se ha convertido en un reflejo de éste.  Si asumimos esta inferencia como cierta, debemos asumir también el preocupante corolario que de ella se deduce, que no es otro que el hecho de que ya no podemos “consolarnos” pensando que hay una cara conservadora y otra progresista del régimen, pues, el PSOE, al convertirse en un reflejo del régimen en su totalidad, ha pasado a abarcar la totalidad ideológica de dicho régimen, ha pasado a ocupar una posición central que abarca desde el liberalismo-conservador hasta el socioliberalismo. La cara “progre” del régimen ya no existe.

Finalmente, me gustaría hacer una breve reflexión sobre lo que ocurriría si el candidato alternativo, Pérez Tapias, ganase, o perdiese. Comenzaré suponiendo que gana. Nos encontraríamos ante una situación realmente difícil, un socialdemócrata clásico (incluso un socialista democrático) al frente de un partido que lleva 35 años ejerciendo una política neoliberal, un republicano al frente de un partido que ha defendido la coronación de Felipe VI, y se ha negado a someter a referéndum la cuestión de la forma del estado. Sería verdaderamente una situación difícil, y, probablemente, corta, como lo fue aquella experiencia de Borrell (mucho más domesticado que Tapias) como candidato del PSOE. Es, además, una situación enormemente improbable, al menos, a mi juicio, por eso considero más interesante la otra opción: qué pasa si Tapias pierde. Probablemente, si pierde con un 1% de los votos, no pase nada, su posición es minoritaria, quedará claro que el partido es de todo menos socialista, y se acabó. Ahora, bien, si pierde con un número significativo de votos, como ocurrió con Mélenchon en Francia, no sería de extrañar que Izquierda Socialista siguiese el mismo camino que el de sus homólogos franceses, la ruptura con el PSOE, y la formación de un partido socialista de izquierdas, integrado en un frente amplio de izquierdas como puede ser, en el caso de España, Izquierda Unida o, tal vez, una hipotética unión entre IU, Podemos, y otros movimientos. Más aún, me atrevería a decir que , si no lo hiciesen, estarían perdiendo una oportunidad histórica, y cometiendo un error para nada entendible desde la óptica de un socialista desencantado con un partido que, podrá llamarse socialista, obrero y español, pero es neoliberal, burgués, y más alemán y yanqui que otra cosa.

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A Propósito del Vídeo de Beatriz Talegón

En 1974, Felipe González y sus acólitos (Alfonso Guerra y Manuel Chaves entre otros), se hacían con el control del PSOE. Aquellos jóvenes sevillanos que, cuatro días antes de pasar a dirigir el PSOE, pululaban en la órbita del franquismo, pretendían vender una imagen de “modernidad” y “renovación” del socialismo. Era el preludio de una traición a los ideales socialistas del partido de Pablo Iglesias, que culminaría en 1979, con aquel “Hay que ser socialista antes que marxista”, que eliminaba de un plumazo toda la carga ideológica del PSOE, y daba carta blanca al felipismo para convertir el partido en un aparato burocrático al servicio de la oligarquía española. Así fue como el PSOE llegó al poder en 1982, siendo ya un ferviente defensor del neoliberalismo, el militarismo de la OTAN, y la monarquía. En aquel entonces, la militancia socialista que había luchado por el partido en la clandestinidad se rebeló contra un gobierno que no tenía nada ni de socialista ni de obrero. Pero el aparato del partido-mafia del felipismo no permitía la crítica al nuevo rumbo. Así, los Pablo Castellano y compañía fueron expulsados del partido por defender aquellas ideas socialistas por las que se habían afiliado.

Hoy, cuando el PSOE, y sus compañeros de la Internacional Socialista merecen su nombre menos que nunca. Hoy, que han demostrado que son lo opuesto al socialismo, que son neoliberales, que han demostrado su oposición ante cualquier intento de democratizar tanto la política como la economía. Hoy que han demostrado que son parte del capital, del régimen, de la derecha, en definitiva, del problema, y no de la solución. Hoy aparece una chica que, en plena reunión de la Internacional Socialista, les echa en cara discutir sobre el futuro del socialismo en hoteles de 5 estrellas. Les echa en cara tantas y tantas contradicciones de quienes dicen ser socialistas, pero defienden y practican el capitalismo. Palabra que, por cierto, había estado vetada en este tipo de reuniones, hasta que esta joven, llamada Beatriz Talegón, la empleó.

El acto fue tan chocante, tan inesperado, que ahora el vídeo se ha ido difundiendo de manera viral, y ha llegado a todo el mundo. Lo que ha llevado a mucha gente a cuestionarse sobre la sinceridad de la señorita Talegón, acusándola de participar en un intento de lavado de cara de eso que se ha venido llamando “moderna socialdemocracia europea” (que no es más que ese neoliberalismo pseudo “progre” que defienden algunos partidos que osan llamarse socialistas siendo todo lo contrario). Es, desde luego, curioso, que una joven con una idea tan crítica con elmodus operandi  de la socialdemocracia haya llegado tan alto en la rígida estructura del PSOE felipista. Parece extraño que un partido que sistemáticamente ha purgado a todo aquel que tuviese un acento mínimamente izquierdista o un tono crítico a la defensa del capitalismo por parte del partido, haya permitido que llegase a vicepresidenta de las juventudes de la Internacional Socialista a una militante tan crítica. Además, algunas de sus críticas no suenen muy distintas a los discursos que daba Felipe González antes de desenmascarar su cambio ideológico, cuando viajaba por toda España “vendiendo ética”, como dice Antón Saavedra.

No obstante, sería muy falso, sectario, e hipócrita por mi parte, no reconocer que en el PSOE existen muchos militantes verdaderamente de izquierdas, verdaderamente socialistas. Es evidente que los hay, por que a algunos los conozco, y quien lo niegue, miente o desconoce la verdad. Y, si asumimos que hay militantes críticos en el PSOE, es asumible que Beatriz Talegón pueda ser una de ellos. Por tanto, y pese a las desconfianzas razonables que pueden surgir ante cualquier cosa que venga de un partido como el PSOE, que representa lo que representa, es evidente que hay que darle a Beatriz Talegón o a cualquier otra persona que haga lo que ella ha hecho, no ya el beneficio de la duda, sino una sincera felicitación por su valor. Ahora bien, llegado a este punto, cabe preguntarse qué hacen todos esos militantes socialistas en un partido que no lo es. Que hacen todos esos militantes que piden democracia interna en un partido que no les escucha. ¿Es que no hay en España ningún Lafontaine, ningún Mélenchon, ningún socialista capaz de romper con la “moderna socialdemocracia europea” para crear un socialismo alternativo?

Como socialista que soy, deseo fervientemente la existencia de un verdadero espacio socialista en la política española. Como militante de IU, y partidario de la creación de un frente Amplio de Izquierdas, veo la necesidad de la construcción de ese espacio, en el marco de la izquierda plural, para poder alcanzar el poder y transformar el sistema.

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XXXVIII Congreso del PSOE. Nada Nuevo Bajo el Sol

No tenía muy claro cómo empezar este artículo, así que me dispuse a ojear los sitios web de Rubalcaba y Chacón, con la finalidad de encontrar un buen principio para este texto. Vaya si lo encontré. La primera página a la que le eché un vistazo fue a la de Alfredo Pérez Rubalcaba y, nada más entrar, me llamó la atención un cartel que rezaba “+Socialismo”. En parte es entendible que Rubalcaba diga que quiere más socialismo, pues un PSOE menos socialista de lo que ya es sería una imposibilidad solo comparable con resucitar a los muertos (en este caso, resucitar los principios del PSOE, muertos a manos de Felipe González en el 38 Congreso del Partido).

Es bastante divertido (dicen que en estos casos es mejor reír que llorar) ver como Rubalcaba y Chacón se intentan vender como adalides del progresismo, como los renovadores que empujarán al PSOE hacia una política de izquierdas, alejándoles de las medidas que les llevaron al devastador resultado del 20N. Los dos olvidan que ambos fueron ministros con Zapatero, que ambos fueron participes de las políticas absolutamente neoliberales que éste practicó. En aquella época, ninguno protestó por el aumento de la edad de jubilación, la reforma laboral, la subida del IVA…Ni si quiera se quejaron de que, mientras el gobierno sometía a los trabajadores a todas estas penalidades, entregaba dinero a la banca, la gran causante de la crisis. Ahora, quieren mostrarse como los defensores de los desvalidos, los grandes líderes del progreso y del cambio. ¿Por qué tienen ahora tanta necesidad de cambio en España, si solo hace un mes que no están en el gobierno? ¿Es que no han tenido tiempo en ocho años para llevar a cabo todas esas propuestas?

Otra cuestión que debería plantearse cualquier ciudadano inteligente es cuáles son las diferencias entre Chacón y Rubalcaba, ya que éstos parecen haber dividido a la militancia socialdemócrata en dos proyectos. Pues bien, después de revisar a fondo las páginas de ambos candidatos, de leer sus intervenciones, y de descifrar sus eslóganes (+Socialismo en el caso de Rubalcaba, Mucho PSOE por hacer en el caso de Chacón), se llega de forma inevitable a una conclusión inequívoca: no existe diferencia alguna entre ambos candidatos. ¿Cuál es entonces la finalidad de este congreso? Pues sencilla y llanamente hacerle un lavado de cara al PSOE, para que el próximo líder del partido pueda hacerse pasar por izquierdista, por progresista, o simplemente, por alternativa al modelo de Rajoy, es decir, al modelo que ellos mismos desarrollaron durante 8 años de gobierno. Puede parecer que esta conclusión podría ser suficiente para poner punto y final a este análisis del proceso de primarias del PSOE, al quedar al descubierto que no es más que una pantomima, pero resulta que los comicios internos de los socialdemócratas son como las muñecas rusas, pues dentro de este macrofraude, hay una gran cantidad de fraudes más pequeños.

Por un lado tenemos la campaña de Rubalcaba. Hay una serie de puntos a destacar en el llamado Discurso de las Ideas, de Pérez Rubalcaba. En él, el político cántabro afirma que tiene un vivido recuerdo de dos congresos, uno de los cuales fue Aquél en el que Felipe González nos convirtió en un partido de gobierno, y fue la antesala del triunfo electoral, el del cambio. Dicho de otro modo, aquel en el que Felipe González consiguió obligar al partido a cambiar de ideología, a abandonar sus ideas, con el fin de ganar las elecciones. Esta podría ser, en parte, la explicación al +Socialismo del eslogan de Rubalcaba: Con tal de obtener el poder, el PSOE es capaz de abandonar y recuperar el socialismo a su antojo. De ser así, sería desde luego, una política tremendamente oportunista, pero, al menos, serviría para volver a ilusionar a los socialistas desencantados por el PSOE. Pero no saquemos conclusiones precipitadas. Si seguimos leyendo, nos encontramos con párrafos como este: Y lo que no podemos ahora es olvidarnos de nuestro programa. No podemos hacer de Groucho Marx. ¿No les gusta nuestro programa? Pues aquí tenemos otro. ¿En qué quedamos, Alfredo?

Pero la candidata catalana no se queda lejos en lo que a demagogia se refiere. Del manifiesto Mucho PSOE por hacer, destaca la siguiente frase: Lo importante para nuestro futuro no es quién, sino en qué y por qué nos equivocamos. Después de esto, uno espera que venga una autocrítica. Tal vez una autocrítica sincera, tal vez una autocrítica falsa, pero una autocrítica. Podemos esperar sentados. A pesar de que el texto está lleno de enunciados como éste, no hay ni una sola crítica a las políticas neoliberales del gobierno de Zapatero, al contrario, el texto está lleno de justificaciones de estas medidas. Frases como “el adverso entorno económico internacional ha erosionado el crédito de nuestras políticas entre los ciudadanos”, son abundantes en el documento. Lo más parecido a una autocritica que se puede encontrar en el texto, son enunciados como este: “Cuando aplicamos, ciertamente obligados, políticas contra la crisis ajenas a nuestra orientación ideológica y a nuestros valores, perdimos otra parte de nuestro crédito”. De nuevo, cada intento de autocrítica se transforma en una justificación ¿Y esta es la candidata que apoyan los ya casi inexistentes sectores izquierdistas del PSOE?

Por tanto, no existe atisbo de cambio, autocrítica, o relevo generacional en el próximo congreso del PSOE. Ante esta situación, cabe preguntarse qué está esperando la corriente crítica Izquierda Socialista para romper con el PSOE, al igual que lo han hecho las corrientes socialistas de izquierda del Partido Socialista francés o del Partido Socialdemócrata Alemán. Ahora, en plena refundación de la izquierda, y ante la grave crisis de la socialdemocracia un Parti de Gauche o un Die Linke sería muy útil en las filas de la izquierda española.

Publicado también en http://www.cronicapopular.es/?p=7335

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La Socialdemocracia Reaccionaria II

En la anterior entrada habíamos visto las diferencias entre izquierdas y derechas, el surgimiento del liberalismo, las revoluciones liberales que auparon a la burguesía al poder, desplazando a la aristocracia y creando un nuevo orden social, que trajo como consecuencia unas nuevas relaciones de producción y la creación de una nueva clase social oprimida y revolucionaria: el proletariado, lo cual provoca la aparición del socialismo.

En el marco de la lucha entre el socialismo y el capitalismo, apareció una nueva facción dentro de la izquierda, una facción reformista que nace en el seno del marxista Partido Socialdemócrata Alemán: La socialdemocracia, cuyo primer teórico es Eduard Bernstein quien, en 1899, publica Las Premisas del Socialismo y las Tareas de la Socialdemocracia, libro en el que califica de erróneas las premisas de Marx y rechaza la revolución como medio para conseguir el socialismo, el cual debe alcanzarse mediante la reforma y el parlamentarismo. Es evidente que esta ideología daba la espalda a aspectos fundamentales del marxismo, pero no por ello era reaccionaria, seguía siendo un pensamiento de izquierdas que ocupaba ahora la posición de la izquierda reformista y moderada. Las tesis de E. Bernstein fueron inicialmente rechazadas por el Partido Socialdemócrata Alemán pero, paulatinamente, sus defensores irían haciéndose con el control del partido. Esto provocó que el ala marxista, liderada por Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, se escindiera del partido para formar la Liga Espartaquista, partido que protagonizaría una revolución en 1919, que fue duramente reprimida por el gobierno de, nada más y nada menos, que el Partido Socialdemócrata Alemán. Muchos miembros de la Liga Espartaquista, entre ellos Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, fueron asesinados. El SPD frustró una revolución por el socialismo y contra el capitalismo. La socialdemocracia comenzaba a mostrar su cara reaccionaria.

Poco a poco, los socialdemócratas dejaron de hablar de burgueses y proletarios, de nacionalizaciones…comenzaron a defender el régimen capitalista, intentando darle un toque más humano: capitalismo, pero con sanidad pública; capitalismo, pero con negociación colectiva y derecho a huelga; capitalismo; pero con educación pública…De esta forma esperaban tener el apoyo de la clase trabajadora para la socialdemocracia y, por tanto, para el capitalismo, evitando así que el proletariado pudiera tener tentaciones revolucionarias. Así, la socialdemocracia pasa a defender el capitalismo y a rechazar el socialismo.

Pero aún había un último brillo izquierdista en la socialdemocracia europea de la segunda mitad del siglo XX. En Suecia, el primer ministro, Olof Palme, lucha ferozmente contra el neoliberalismo de Reagan y Thatcher, luchando por salvar los últimos restos izquierdistas de la socialdemocracia. Le costó la vida. Fue asesinado, nadie fue declarado culpable, y en 2011 su asesinato prescribiría y los culpables quedarían impunes, si bien es posible que alguno de los autores intelectuales de su asesinato esté ya criando malvas en alguno de esos verdes y planos cementerios de las películas americanas, enterrado entre barras y estrellas.

Con Olof Palme, murieron los últimos restos izquierdistas de la socialdemocracia. La socialdemocracia, otrora versión reformista del socialismo, se había convertido en defensora de los intereses del capitalismo: Luchaba contra las revoluciones socialistas, se oponía a la nacionalización de los sectores estratégicos de la producción, es más, su programa económico se basaba en la liberalización de la economía, el libre mercado, y la privatización de las empresas públicas. Dejó de defender a los trabajadores, y empezó a servir a la patronal. Habitualmente se teñían de centro-izquierda incorporando a su programa medidas sociales que, dado su modelo económico, sabían que no iban a poder cumplir (Así que ibas a igualar la pensión mínima al salario mínimo… ¿Verdad, Felipe?; con que el pleno empleo… ¿No era eso lo que prometías, Zapatero?).

La socialdemocracia era ya completamente reaccionaria y de derechas. Las demostraciones más descaradas de este hecho fueron por un lado, la llamadaAgenda 2010, del canciller Schröder, que suponía la implantación de medidas económicas profundamente capitalistas y la destrucción de los avances sociales conseguidos por los socialistas y los propios socialdemócratas, y por otro lado, la actuación de los partidos socialdemócratas europeos (incluyendo aquellos que tienen la enorme desfachatez de hacerse llamar socialistas) durante la actual crisis económica, donde rechazan definitivamente el capitalismo moderado de Keynes,  y buscan la solución en las posturas del capitalismo radical defendidos por la Escuela de Chicago de Milton Friedman (quien, por cierto, es el teórico del modelo económico defendido por gente de la talla del genocida y criminal de guerra George Walker Bush o de los ultraconservadores Reagan y Thatcher).

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La Socialdemocracia Reaccionaria I: Sobre la izquierda y la derecha.

Lo que escribiré en esta entrada y la siguiente será una justificación, debidamente argumentada, para considerar a la actual socialdemocracia como una ideología política de derechas. Primero comenzaré repasando las diferencias entre izquierdas y derechas, la aparición del liberalismo como ideología de izquierdas y su transformación en una ideología de derechas en el marco de la lucha de clases y la aparición de la nueva izquierda: el socialismo. Después discutiré los orígenes de la socialdemocracia, su alejamiento del socialismo y, finalmente, su inclusión en las ideologías de derechas.

A lo largo de toda la historia los movimientos políticos se han dividido en dos grupos: uno era el de los reformistas y los revolucionarios, llamado Izquierda Política; y otro formado por las ideologías reaccionarias, que se opone al proceso de cambio inspirado por las izquierdas y cuya funcionalidad es preservar el régimen existente y la situación de privilegio de las clases dominantes, esta es la denominada Derecha Política.

A finales del siglo XVIII, existía un movimiento político, el liberalismo, que aglutinaba a revolucionarios y reformistas y que conformaba la Izquierda de la época. El objetivo del liberalismo era suprimir el régimen absolutista para crear un nuevo orden social en el que todos los ciudadanos nacieran libres e iguales en derechos, eliminándose, por tanto, el sistema estamental. Por supuesto, los estamentos superiores (nobleza y clero) lucharon con todas sus fuerzas para evitar que este movimiento que pretendía arrebatarles sus privilegios pudiera triunfar. Tanto los liberales como los absolutistas publicaron numerosos escritos filosóficos para justificar sus respectivas teorías políticas, encontrándose, por ejemplo, a Rousseau entre los liberales y a Hobbes entre los absolutistas.

El origen del liberalismo no hay que buscarlo más que en el propio absolutismo, pues nace como reacción a las condiciones de opresión de éste. Durante el Antiguo Régimen, algunos miembros del Tercer Estado fueron enriqueciéndose gracias al comercio y a la explotación  de los escalafones inferiores de su propio estamento. Pero el absolutismo no les reconocía el derecho a usar su dinero para obtener poder político, es más, ni si quiera les reconocía la propiedad real de sus ganancias, pues no contemplaba el derecho a la propiedad privada. Estas condiciones de opresión de la nobleza hacia los burgueses que, por otra parte, eran quienes hacían funcionar realmente la economía, quienes poseían las empresas y el dinero, tuvo como consecuencia la aparición de una burguesía revolucionaria que, basada en las tesis del liberalismo, provocó la Revolución Francesa de 1879, que destruyó el absolutismo en Francia y trajo consigo la implantación de una república liberal.

A partir de este momento comienza una lucha mundial entre el absolutismo y el liberalismo, siendo el segundo el que, finalmente, gana la contienda.

Una vez que la burguesía liberal se ha hecho con el poder, comienza el proceso de destrucción de los elementos que sostenían los antiguos reinos absolutistas y su sustitución por los nuevos elementos que sostienen el Estado liberal. Entre otras cosas, liquidaron el sistema económico del Antiguo Régimen para imponer un nuevo sistema que les beneficiaba mucho más: El Capitalismo. El capitalismo nace de la obra de Adam Smith La Riqueza de las Naciones, su aplicación supuso la división de la sociedad en nuevas categorías: las clases sociales. La pertenencia a los estamentos del Antiguo Régimen se asignaba desde el momento del nacimiento, y era irrevocable. Así, un hijo de nobles sería noble, y un hijo de miembros del tercer estado sería miembro del tercer estado. En cambio, la pertenencia a las clases sociales se debe exclusivamente al dinero y a la relación con los medios de producción. Así, una persona que posea los medios de producción pero no los trabaje será un burgués, mientras que una persona que trabaje los medios de producción pero no los posea será un proletario. Por supuesto, existen también otras clases sociales cuya relación con los medios de producción es indirecta, y cuya situación social es intermedia entre la burguesía y el proletariado. Estas son las llamadas clases medias, y están formadas por juristas, médicos, profesores…

La relación opuesta que mantienen burgueses y proletarios con los medios de producción llevan a que sus intereses económicos sean también opuestos. Los burgueses obtienen sus beneficios a través de las plusvalías, esto es, vendiendo los productos y servicios generados por los proletarios y remitiéndoles a éstos una pequeña parte del dinero que se obtiene vendiendo su trabajo en el mercado, quedándose el burgués con el resto (la plusvalía). Así, el enriquecimiento de la burguesía se basa únicamente en el empobrecimiento y la explotación de los proletarios. A causa de esto, el propio sistema capitalista está condenado a la extinción, ya que las condiciones de opresión de los burgueses sobre los proletarios conducen inequívocamente a la aparición de un proletariado revolucionario que expulse al a burguesía del poder como ésta hizo con la aristocracia, y que cambie el sistema económico que les oprime (el capitalismo) por un sistema económico en el que no haya plusvalías, sino que cada cual sea dueño del fruto de su trabajo, despareciendo por tanto las clases sociales y quedando ésas unificadas en una única clase de trabajadores. Este sistema recibe el nombre de socialismo.

Durante el siglo XIX hubo muchos autores que escribieron sobre el socialismo, pero la mayoría de ellos eran incapaces de comprender las verdaderas condiciones de explotación del proletariado, el sistema de poder de la burguesía, o la importancia de la lucha de clases como motor de la historia. Esto hace que muchos de estos “socialismos” acaben del lado de la reacción, es decir, en la derecha. Pero surgen también otros dos socialismos: el socialismo crítico-utópico, que da paso al anarquismo; y el socialismo científico habitualmente llamado marxismo. Ambos movimientos coinciden en el antagonismo existente entre la burguesía y el proletariado, y ambos proponen la erradicación del sistema capitalista y la implantación del socialismo, pero difieren en los métodos y en algunos puntos del análisis social. Así mientras el socialismo científico defiende la revolución como única vía por la cual el proletariado podía obtener el poder, el anarquismo opta por la vía pacífica y el uso de la huelga como único instrumento; mientras el socialismo científico opta por la creación de un partido obrero que dirija el proceso revolucionario y, entre tanto, participe en la vida parlamentaria para obtener mejoras en la calidad de vida del proletariado, el anarquismo rechaza la existencia de los partidos políticos y la participación en el sistema político burgués, defendiendo el sindicato como único órgano de agrupación obrera.

A pesar de todas las diferencias entre marxistas y anarquistas, no cabe duda de que ambos constituían la izquierda política. Los burgueses, por su parte, habían dejado de ser una clase revolucionaria y se habían convertido en la clase dominante, pasando a adoptar posturas conservadoras y reaccionarias, pues no iban a permitir que se les arrebatase el poder ni que se derribase el liberalismo (o aquello en lo que los burgueses habían convertido al liberalismo), que era el régimen político-económico-social que les mantenía en el poder. Así, el liberalismo, antaño ideología de izquierdas, pasó a constituir la derecha.

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