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El Futuro del PSOE

“¿El futuro del PSOE? ¿Es necesario todo un artículo para hablar de eso? El futuro del PSOE es corto y negro”, podría decir algún lector. Sin embargo, es interesante analizar el abanico de posibilidades que se pueden plantear tras la elección del secretario general de los socioliberales. Tres son los candidatos que se presentan a la secretaría general (Pedro Sánchez, Eduardo Madina, y José Antonio Pérez Tapias), y tres son las cuestiones que me planteo al respecto.

Por un lado, Pedro Sánchez y Eduardo Madina representan claramente a las dos grandes alas del aparato socioliberal del PSOE: El primero de ellos es, esencialmente, la versión joven de Rubalcaba, tal vez algo más a la derecha. Es curioso que haya sido tan intensamente respaldado por las empresas de comunicación ideológicamente más conservadoras de nuestro país (13Tv le respaldaba claramente hasta que realizó unas declaraciones pro-abortistas). En cambio, el candidato Madina era considerablemente atacado por dichas empresas de comunicación, y defendido por aquellas otras que podríamos calificar de liberal-progresistas, es decir, al servicio de la burguesía progresista, que defiende el actual sistema político, económico y social, pero desde una óptica algo más abierta en relación a los derechos civiles (aborto, matrimonio gay…). Por último, Pérez Tapias, el único candidato de izquierdas, ha sido, en la mayoría de los casos, directamente obviado por las empresas de comunicación.

La historia tiene esa mezquina costumbre de repetirse una y otra vez, y no puedo dejar de ver aquí aquellos tiempos de los primeros gobiernos del PSOE, en los que los medios de comunicación nos presentaban a Felipe González, el “poli malo”, el representante del ala conservadora del PSOE, y, en contraposición a éste, a Alfonso Guerra, el “poli bueno”, el representante del ala izquierdista del partido. Obviaban las empresas de comunicación que tanto Felipe como Guerra habían sido tándem en el congreso de Suresnes, dónde se arrebató el partido a los socialistas históricos, y en el congreso de 1979, donde se abandonó el marxismo como referencia y, con ello, se abandonaron también todas las bases ideológicas del partido. Obviaban, también, las empresas de comunicación, que la alternativa a éste binomio existía, que se llamaba Izquierda Socialista, que se había opuesto al Felipe-Guerrismo, a la renuncia a las ideas del partido, y que tenía un liderazgo alternativo, compuesto por personas como Rodolfo Llopis o Pablo Castellano (incluso Tierno Galván en ciertos momentos). Ese mismo esquema trinomial es el que estamos viendo hoy con Sánchez, Mádina, y Pérez Tapias. Y es que la forma más eficiente de destruir a un candidato no es hablando mal de él, sino haciéndolo desaparecer, tal y como están haciendo las empresas que se dedican a la comunicación con el candidato Pérez Tapias. Cuando esto se combina con la constante presentación de dos candidatos, que aparecen como alternativos (poli bueno y poli malo) y sin visualizar, precisamente, a aquél candidato que presenta una propuesta diferente, a la luz de la cual, poca diferencia hay entre Madina y Sánchez, provoca la falsa apariencia de que hay un pluralismo ideológico, y una verdadera diferencia de proyecto. No digo con esto que Madina y Sánchez sean iguales (que no lo son), pero sus diferencias son de matiz, y no de proyecto, de la misma forma que el PP y el PSOE no son iguales, pero sus diferencias también son de matices y no de proyecto.

El funcionamiento de esta elección dentro del PSOE es el mismo que el funcionamiento de las elecciones en el Estado, especialmente en cuanto a la labor que ejercen las empresas de comunicación, ligadas unas a la burguesía conservadora, y, por tanto, defensoras de la ideología liberal-conservadora; y otras ligadas a la burguesía progresista y, por tanto, ligadas a la ideología liberal-progresista. Ambos tipos de empresas siguen más o menos la misma estrategia: el relato constante de la lucha entre el PP y el PSOE (favoreciendo a uno u otro en esa lucha) y enalteciendo la presunta rivalidad entre ambos como si realmente hubiese diferencias de proyecto, mientras ocultan a todas las organizaciones políticas que ofertan un proyecto de estado alternativo. De aquí, se podría inferir que el PSOE no solo convive con el Régimen, no solo es, desde hace 35 años, una de las dos patas que sostienen el Régimen, sino que el propio partido se ha identificado tanto con el sistema monárquico-liberal del 78, que se ha convertido en un reflejo de éste.  Si asumimos esta inferencia como cierta, debemos asumir también el preocupante corolario que de ella se deduce, que no es otro que el hecho de que ya no podemos “consolarnos” pensando que hay una cara conservadora y otra progresista del régimen, pues, el PSOE, al convertirse en un reflejo del régimen en su totalidad, ha pasado a abarcar la totalidad ideológica de dicho régimen, ha pasado a ocupar una posición central que abarca desde el liberalismo-conservador hasta el socioliberalismo. La cara “progre” del régimen ya no existe.

Finalmente, me gustaría hacer una breve reflexión sobre lo que ocurriría si el candidato alternativo, Pérez Tapias, ganase, o perdiese. Comenzaré suponiendo que gana. Nos encontraríamos ante una situación realmente difícil, un socialdemócrata clásico (incluso un socialista democrático) al frente de un partido que lleva 35 años ejerciendo una política neoliberal, un republicano al frente de un partido que ha defendido la coronación de Felipe VI, y se ha negado a someter a referéndum la cuestión de la forma del estado. Sería verdaderamente una situación difícil, y, probablemente, corta, como lo fue aquella experiencia de Borrell (mucho más domesticado que Tapias) como candidato del PSOE. Es, además, una situación enormemente improbable, al menos, a mi juicio, por eso considero más interesante la otra opción: qué pasa si Tapias pierde. Probablemente, si pierde con un 1% de los votos, no pase nada, su posición es minoritaria, quedará claro que el partido es de todo menos socialista, y se acabó. Ahora, bien, si pierde con un número significativo de votos, como ocurrió con Mélenchon en Francia, no sería de extrañar que Izquierda Socialista siguiese el mismo camino que el de sus homólogos franceses, la ruptura con el PSOE, y la formación de un partido socialista de izquierdas, integrado en un frente amplio de izquierdas como puede ser, en el caso de España, Izquierda Unida o, tal vez, una hipotética unión entre IU, Podemos, y otros movimientos. Más aún, me atrevería a decir que , si no lo hiciesen, estarían perdiendo una oportunidad histórica, y cometiendo un error para nada entendible desde la óptica de un socialista desencantado con un partido que, podrá llamarse socialista, obrero y español, pero es neoliberal, burgués, y más alemán y yanqui que otra cosa.

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XXXVIII Congreso del PSOE. Nada Nuevo Bajo el Sol

No tenía muy claro cómo empezar este artículo, así que me dispuse a ojear los sitios web de Rubalcaba y Chacón, con la finalidad de encontrar un buen principio para este texto. Vaya si lo encontré. La primera página a la que le eché un vistazo fue a la de Alfredo Pérez Rubalcaba y, nada más entrar, me llamó la atención un cartel que rezaba “+Socialismo”. En parte es entendible que Rubalcaba diga que quiere más socialismo, pues un PSOE menos socialista de lo que ya es sería una imposibilidad solo comparable con resucitar a los muertos (en este caso, resucitar los principios del PSOE, muertos a manos de Felipe González en el 38 Congreso del Partido).

Es bastante divertido (dicen que en estos casos es mejor reír que llorar) ver como Rubalcaba y Chacón se intentan vender como adalides del progresismo, como los renovadores que empujarán al PSOE hacia una política de izquierdas, alejándoles de las medidas que les llevaron al devastador resultado del 20N. Los dos olvidan que ambos fueron ministros con Zapatero, que ambos fueron participes de las políticas absolutamente neoliberales que éste practicó. En aquella época, ninguno protestó por el aumento de la edad de jubilación, la reforma laboral, la subida del IVA…Ni si quiera se quejaron de que, mientras el gobierno sometía a los trabajadores a todas estas penalidades, entregaba dinero a la banca, la gran causante de la crisis. Ahora, quieren mostrarse como los defensores de los desvalidos, los grandes líderes del progreso y del cambio. ¿Por qué tienen ahora tanta necesidad de cambio en España, si solo hace un mes que no están en el gobierno? ¿Es que no han tenido tiempo en ocho años para llevar a cabo todas esas propuestas?

Otra cuestión que debería plantearse cualquier ciudadano inteligente es cuáles son las diferencias entre Chacón y Rubalcaba, ya que éstos parecen haber dividido a la militancia socialdemócrata en dos proyectos. Pues bien, después de revisar a fondo las páginas de ambos candidatos, de leer sus intervenciones, y de descifrar sus eslóganes (+Socialismo en el caso de Rubalcaba, Mucho PSOE por hacer en el caso de Chacón), se llega de forma inevitable a una conclusión inequívoca: no existe diferencia alguna entre ambos candidatos. ¿Cuál es entonces la finalidad de este congreso? Pues sencilla y llanamente hacerle un lavado de cara al PSOE, para que el próximo líder del partido pueda hacerse pasar por izquierdista, por progresista, o simplemente, por alternativa al modelo de Rajoy, es decir, al modelo que ellos mismos desarrollaron durante 8 años de gobierno. Puede parecer que esta conclusión podría ser suficiente para poner punto y final a este análisis del proceso de primarias del PSOE, al quedar al descubierto que no es más que una pantomima, pero resulta que los comicios internos de los socialdemócratas son como las muñecas rusas, pues dentro de este macrofraude, hay una gran cantidad de fraudes más pequeños.

Por un lado tenemos la campaña de Rubalcaba. Hay una serie de puntos a destacar en el llamado Discurso de las Ideas, de Pérez Rubalcaba. En él, el político cántabro afirma que tiene un vivido recuerdo de dos congresos, uno de los cuales fue Aquél en el que Felipe González nos convirtió en un partido de gobierno, y fue la antesala del triunfo electoral, el del cambio. Dicho de otro modo, aquel en el que Felipe González consiguió obligar al partido a cambiar de ideología, a abandonar sus ideas, con el fin de ganar las elecciones. Esta podría ser, en parte, la explicación al +Socialismo del eslogan de Rubalcaba: Con tal de obtener el poder, el PSOE es capaz de abandonar y recuperar el socialismo a su antojo. De ser así, sería desde luego, una política tremendamente oportunista, pero, al menos, serviría para volver a ilusionar a los socialistas desencantados por el PSOE. Pero no saquemos conclusiones precipitadas. Si seguimos leyendo, nos encontramos con párrafos como este: Y lo que no podemos ahora es olvidarnos de nuestro programa. No podemos hacer de Groucho Marx. ¿No les gusta nuestro programa? Pues aquí tenemos otro. ¿En qué quedamos, Alfredo?

Pero la candidata catalana no se queda lejos en lo que a demagogia se refiere. Del manifiesto Mucho PSOE por hacer, destaca la siguiente frase: Lo importante para nuestro futuro no es quién, sino en qué y por qué nos equivocamos. Después de esto, uno espera que venga una autocrítica. Tal vez una autocrítica sincera, tal vez una autocrítica falsa, pero una autocrítica. Podemos esperar sentados. A pesar de que el texto está lleno de enunciados como éste, no hay ni una sola crítica a las políticas neoliberales del gobierno de Zapatero, al contrario, el texto está lleno de justificaciones de estas medidas. Frases como “el adverso entorno económico internacional ha erosionado el crédito de nuestras políticas entre los ciudadanos”, son abundantes en el documento. Lo más parecido a una autocritica que se puede encontrar en el texto, son enunciados como este: “Cuando aplicamos, ciertamente obligados, políticas contra la crisis ajenas a nuestra orientación ideológica y a nuestros valores, perdimos otra parte de nuestro crédito”. De nuevo, cada intento de autocrítica se transforma en una justificación ¿Y esta es la candidata que apoyan los ya casi inexistentes sectores izquierdistas del PSOE?

Por tanto, no existe atisbo de cambio, autocrítica, o relevo generacional en el próximo congreso del PSOE. Ante esta situación, cabe preguntarse qué está esperando la corriente crítica Izquierda Socialista para romper con el PSOE, al igual que lo han hecho las corrientes socialistas de izquierda del Partido Socialista francés o del Partido Socialdemócrata Alemán. Ahora, en plena refundación de la izquierda, y ante la grave crisis de la socialdemocracia un Parti de Gauche o un Die Linke sería muy útil en las filas de la izquierda española.

Publicado también en http://www.cronicapopular.es/?p=7335

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Historia del Socialismo IV: Y Felipe destruyó el Partido Socialista.

En 1974, en el congreso de Surenses, se produjo la división del partido en dos: los renovados que eligieron como líder a Felipe González (antiguo miembro de las franquistas Juventudes de Acción Católica), y los históricos que rechazaron la validez de la elección y continuaron con Rodolfo Llopis como líder del partido.

La llegada de las elecciones de 1977 pilló al PSOE en medio de esta división. Como consecuencia, por aquella época había dos partidos que se autodenominaban Partido Socialista Obrero Español, el renovado de González, y el Histórico de Llopis. Los dos se presentaron a los comicios, pero el primero tenía el apoyo económico de la CIA, el SPD alemán y el Partido Demócrata de los EE. UU. y el segundo contaba sólo con las cuotas de sus militantes. Era inevitable que el PSOE renovado se hiciera con el voto socialista, y el histórico tuviese pésimos resultados, como así fue. La UCD gana esas elecciones con 166 escaños, por detrás queda el PSOE renovado, con 118, en tercera posición quedó el PCE, con 19 diputados,  y en quinta posición (por detrás de la Alianza Popular de Manuel Fraga) la coalición PSP-US, con 6 escaños. Obtienen también representación un amplio abanico de partidos nacionalistas. Los renovados habían conseguido ser la segunda fuerza política, mientras que los históricos quedaban fuera del parlamento, el histórico Partido Comunista, que había sido el partido que más había combatido la dictadura franquista, quedó en un tercer puesto.

En Mayo de 1979 se celebra el XXVIII congreso federal del PSOE, en el que Felipe González propone que el partido abandone el marxismo. En palabras de Felipe González “Si alguien me dice que hacemos esto porque queremos ocho millones de votos, le diré que sí, que queremos y necesitamos ocho millones de votos. No tengo inconveniente en que se me llame socialdemócrata.” La militancia socialista se indignó ante tal despropósito, y los argumentos de González fueron desechados. Como dijo Pablo Castellano durante aquel congreso: “Renunciar al marxismo significa renunciar el sentido revolucionario del partido de Pablo Iglesias”. El congreso termina con el PSOE aún marxista, y Felipe, que no se resigna en sus pretensiones de hacer que el PSOE abandone sus principios, dimite como secretario general  a modo de  “últimatum”.

Tras la dimisión de González, una gestora se hace cargo del partido y convoca un congreso extraordinario para solucionar la crisis. Las principales cabezas del sector crítico con Felipe, la izquierda del partido, comienzan a reunirse para postular una posible candidatura, alternativa a la de González, que represente los ideales marxistas del PSOE. Se estaba hablando de presentar a Tierno Galván como candidato a la secretaría general, cuando le llegó un mensaje de la embajada americana que alertaba sobre un posible golpe de estado si de aquel congreso salía una ejecutiva escorada hacia la izquierda y dirigida por él. Simultáneamente, el Partido Socialdemócrata Alemán advertía que “Si hay  marxismo, no hay marcos”. El efecto conseguido fue el deseado: se sembró entre los militantes socialistas el temor a un golpe de estado y al corte de financiación del partido, que podía hacer imposible que el PSOE derrotase a la UCD. Así fue como se consiguió evitar que los críticos presentaran una candidatura alternativa, siendo elegido de nuevo secretario general Felipe González. Y así fue como el PSOE dejó de ser marxista.

En 1981, el Ministerio del Interior del gobierno de Adolfo Suárez, decide reconocer las siglas del PSOE únicamente para el partido renovado que encabeza Felipe (ya sin marxismo), obligando al PSOE histórico a renunciar al nombre del partido de Pablo Iglesias. Finalmente, los históricos deciden renombrar al partido como Partido Socialista (PS).  Pasados los plazos legales para impugnar la inscripción, pero alarmados por al creciente activismo del Partido, el gobierno cancela su registro. El Secretario General manda una carta al Rey, de la que no hubo contestación, pero a los pocos días se restablecía el registro. Gracias a ello el Partido Socialista (PS) pudo entrar en la campaña electoral de octubre de 1982, y dado el número de candidaturas que presentaba en toda España se le otorgaron amplios espacios oficiales en los medios de comunicación. Sin embargo, el día de la votación, el 28 de ese mes, mediante telegrama de la Audiencia Nacional a los Colegios Electorales, se volvió a cancelar el registro del partido en lo que seguramente constituye un caso único en el mundo. Finalmente sería el PSOE el ganador de esas elecciones de 1982, que obtuvo la mayoría absoluta con 202 escaños. Tal vez los resultados habrían sido algo diferentes si el PS hubiera podido presentarse. Tal vez el PSOE no hubiera monopolizado el socialismo parlamentario, y hubiera tenido que gobernar de forma diferente. El caso es que no fue así, y el gobierno del PSOE no se caracterizó precisamente por ser un gobierno de izquierdas.

El 28 de Octubre de 1982, el PSOE gana las elecciones generales. Felipe González es elegido presidente y forma un gobierno lleno de figuras del felipismo. No aparece ningún representante del sector crítico, como Pablo Castellano o Gómez Llorente, pero sí que hay, en cambio, antiguos miembros de la UCD, como Fernández Ordoñez. El PSOE había llegado al gobierno prometiendo una gran cantidad de reformas sociales, como igualar la pensión mínima al salario mínimo o sacar a España de la OTAN. Pero, una vez en el poder, no hizo más que políticas de derechas (bajó las pensiones a la par que subían los precios y se mostró favorable a la permanencia de España en la OTAN, por seguir con los ejemplos anteriormente citados). Esto mostró un gran descontento entre sus bases y en especial en la corriente crítica Izquierda Socialista (formada en 1979 por los contrarios a abandonar el marxismo, y liderada por Pablo Castellano y Gómez Llorente). Como al PSOE le molestaba tener a un “pepito grillo” recordándoles el significado de sus siglas y las promesas electorales, Pablo Castellano fue expulsado (de forma antiestatutaria, por cierto), con lo que muchos militantes se dieron de baja del PSOE como protesta, ingresando junto con Castellano, en el Partido de Acción Socialista (PASOC), que era el nombre con el que los históricos habían logrado al fin inscribir su partido en el ministerio del interior.

A partir de este momento el PSOE ya no podía ser considerado un partido socialista, y su viaje hacia la derecha continuó hasta el día de hoy, siendo más que evidente su afinidad por las ideas neoliberales, la defensa del capitalismo salvaje, y un escaso carácter demócrata. Puesto que a partir de este punto ya no se puede considerar al PSOE como socialista, no continuaré hablando de él en esta historia del socialismo español, salvo cuando tenga que hacerlo para narrar algún hecho relativo al verdadero socialismo.

En la siguiente entrega: El socialismo después del PSOE. La integración de los socialistas en Izquierda Unida. El Socialismo hoy.

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Historia del Socialismo III: Guerra y Dictadura.

En 1936, el Frente Popular ganó las elecciones. El Frente Popular era una organización heterogénea de diversas fuerzas de izquierdas que incluían a republicanos, socialistas, comunistas, y nacionalistas de izquierdas. La coalición izquierdista tenía un programa reformista, como la defensa de las reformas sociales del primer gobierno de 1931, que estaban siendo paralizadas o eliminadas por el posterior gobierno conservador. También surgía como respuesta para pedir la liberación de los detenidos y sometidos a proceso por responsabilidades en los hechos ocurridos durante la Revolución de Asturias en 1934 y ante el avance en Europa del fascismo de Hitler o Mussolini. En ese momento también en el vecino país de Francia gobernaba el Frente Popular Francés.
La derecha no aceptó la legítima victoria del Frente Popular en las elecciones y organizó un golpe de Estado el 18 de Julio que desembocó en la Guerra Civil. En la zona sublevada toda organización política que no perteneciera al movimiento nacional (FET de las JONS y el sindicato vertical) fue ilegalizada y perseguida, y sus militantes fueron brutalmente asesinados. En el bando republicano, Largo Caballero asumió la presidencia del gobierno en sustitución del republicano José Giral. Su oposición a ilegalizar el POUM, sumado a la tensión interna en el PSOE entre prietistas y largocaballeristas, terminó con la destitución de Largo Caballero de la presidencia del gobierno, que recayó en el Dr. Juan Negrín, también socialista. Negrín cortó los vínculos del gobierno con los anarquistas, afianzó las relaciones con los comunistas e inició un proceso para ilegalizar el POUM. Durante el juicio contra el POUM, Largo Caballero intervino posicionándose en contra de dicha ilegalización.

El resultado de la Guerra Civil fue la victoria de los sublevados, que impusieron una dictadura bajo la figura del General Franco, el cual asumió la jefatura del estado, del gobierno, del ejército, y del partido único. Durante más de 40 años de terrible dictadura las fuerzas de izquierdas fueron duramente reprimidas.

El PSOE siguió trabajando por la democracia desde el exilio. La nueva ejecutiva del partido se desvinculó del gobierno de Negrín,  e Indalecio Prieto se convirtió en la nueva cabeza visible del partido. Prieto trató de derribar el régimen franquista por la diplomacia, negociando con Juan de Borbón la posibilidad de la instauración de una monarquía parlamentaria con tal de que volviera la democracia a España. La conjura fracasó y el dictador siguió en el poder hasta su muerte.

Mientras tanto, en el interior de España, el PCE era prácticamente la única fuerza de izquierdas que hacía oposición al franquismo. Una de las labores más importantes de los comunistas en esta época fue la creación del sindicato Comisiones Obreras, que se infiltró en el aparato de los Sindicatos Verticales falangistas. Esto provocó la ira de los franquistas, que comenzaron a perseguir febrilmente a los posibles miembros de CC. OO., encarcelando a muchos de ellos, entre otros, su líder y fundador, Marcelino Camacho.

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Historia del Socialismo Español II: El cisma socialista, la dictadura de Primo de Rivera, y la Segunda República.

En 1917, estalla la Revolución en Rusia. Por primera vez, las tesis revolucionarias de Marx cobran valor real y el marxismo llega al poder a través de una nueva concepción de éste, el marxismo-leninismo, que rescata el olvidado término comunismo y lo utiliza como cuña de su ideología. El Partido Comunista de la Unión Soviética convoca la III Internacional o Komintern, y en todos los partidos socialistas marxistas se abre el debate sobre su ingreso en ella. En el PSOE se realizan tres congresos extraordinarios para decidir su posible adhesión a la III Internacional. En el primero, la división entre partidarios y detractores es tan grande que se acuerda un aplazamiento de la decisión y se intenta la convergencia de ambas internacionales en una sola. En el segundo congreso extraordinario, el PSOE se muestra favorable al ingreso en la III internacional, pero no sin antes enviar a dos delegados a la URSS, que informarán de sus impresiones sobre la Rusia Soviética. Uno de estos delegados es Fernando de los Ríos que en su libro Mi viaje a la Rusia Soviética, cuenta como, cuando le preguntó a Lenin cuando se iban a restablecer las libertades en Rusia éste le respondió. ¿Libertad? ¿Para qué?. Tras la exposición de Fernando de los Ríos en el tercer congreso extraordinario del PSOE, los socialistas rechazaron las 21 condiciones de la III Internacional, permaneciendo en la segunda.

Lenin
No obstante, no todos los socialistas estaban a favor de esta postura. El 15 de Abril de 1920 la Federación de Juventudes Socialistas abandonó el PSOE y fundó el Partido Comunista Español. En 1921, una segunda escisión provocada por los últimos probolcheviques dio lugar a la fundación del Partido Comunista Obrero Español. En menos de un año, el Partido Comunista Obrero Español y el Partido Comunista Español se fusionaron en un único partido, el Partido Comunista de España, sección española de la Internacional Comunista.

Durante la dictadura de Primo de Rivera, el PCE fue ilegalizado. Pablo Iglesias, como presidente del PSOE firmó un manifiesto del Partido en el que se condenaba la dictadura de Primo de Rivera, pero algunos líderes socialistas, como Largo Caballero eran partidarios de una cierta colaboración con el régimen para que tanto el PSOE como la UGT pudieran seguir trabajando. La postura de este sector era que la instauración de la dictadura de Primo de Rivera, respondía únicamente a luchas entre los propios burgueses y que, puesto que esas luchas no afectaban a los trabajadores, debían mantenerse al margen de ellas. El Colaboracionismo con la dictadura fue un fracaso y el PSOE terminó desvinculándose del régimen y optando por colaborar con los partidos republicanos burgueses para instaurar la II República en España. Esta colaboración se materializó en el Pacto de San Sebastián.

El 14 de Abril de 1931 se proclamó la II República en España. Las masas tomaban las ciudades a gritos de viva la república y, en muchas ocasiones, viva el Partido Socialista. La llegada de la segunda república supuso la legalización del Partido Comunista, y fue la primera vez que el Partido Socialista ganó unas elecciones generales, obteniendo 115 escaños. A pesar de ser la fuerza más votada, el líder del PSOE, Francisco Largo Caballero, rechazó la presidencia del gobierno, que finalmente fue a manos de Manuel Azaña Díaz, de Acción Republicana. El PSOE, no obstante, entró en el gobierno, tomando Largo Caballero la cartera de trabajo, donde implantó la jornada laboral de 8 horas; Indalecio Prieto asumió el ministerio de obras públicas, desde donde trató de llevar a cabo un proceso de modernización de las infraestructuras del país, y Fernando de los Ríos el ministerio de educación.
Largo Caballero
En 1933, la derecha gana las elecciones. En parte por la unidad de los partidos de derechas en torno a la CEDA, frente a la división de las fuerzas izquierdistas, y también debido al abstencionismo predicado por la CNT. En estas elecciones, el PCE obtiene un diputado por primera vez en la historia, en la persona de Cayetano Bolívar Escribano. Durante el llamado bienio derechista o bienio negro, los gobiernos radical-cedistas comenzaron un proceso de contrareforma frente a los avances sociales aprobados en la legislatura anterior. Mientras tanto, la CEDA, afianzaba cada vez más sus relaciones con partidos fascistas tanto del exterior (como el Partido Nacional Fascista, de Italia) como del interior (Falange Española). El temor de la clase trabajadora a que la CEDA intentase suprimir la democracia republicana para imponer una dictadura fascista era, cada vez más, una realidad. El PSOE advierte que si la CEDA entra en el gobierno, los socialistas promoverán una huelga general revolucionaria que defienda a la clase trabajadora del fascismo. La Revolución comienza con un paro en toda España y, posteriormente, se transforma en un proceso revolucionario que tiene como objetivo la toma del poder por parte del Partido Socialista con el fin de implantar un programa de carácter socialista, revolucionario, y marxista. La revolución fue apagada rápidamente en todo el país, salvo en Asturias, donde continuó hasta que fue brutalmente reprimida por el ejército, represión que continuó hasta el triunfo del Frente Popular en 1936. Pero de eso ya hablaremos.

Fue también en esta legislatura, en concreto en 1935, cuando se fundó el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Este partido se constituyó como un partido marxista, que se oponía a la burocratización y falta de libertades propia de la visión estalinista de la Internacional Comunista. En Marzo de 1936, las Juventudes Socialistas Españolas y la Unión de Juventudes Comunistas de España, se fusionan en una única organización, la Juventud Socialista Unificada (JSU), liderada por el militante socialista (aunque por aquel entonces ya había asumido una ideología leninista) Santiago Carrillo.

En la siguiente entrega: El Frente Popular, la Guerra Civil, y el Franquismo.

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Historia del Socialismo Español I: Los orígenes

Este post será el primero de una serie en la que hablaré de la historia del socialismo en España. Hablaremos de los primeros movimientos sociales, el nacimiento del PSOE, la aparición de los partidos comunistas, las actuaciones del PSOE en los gobiernos de la república, así como en la oposición (Revolución d’Ochobre del 34), la llegada de Felipe y comapñía y la consecuente perversión de las siglas del partido de Pablo Iglesias, para acabar hablando de la historia del socialismo (que no el P$O€) actual.

La aparición de las primeras ideas socialistas en España se remonta a la fundación del Partido Demócrata en 1849 como escisión del Partido Progresista. Este partido, de inspiración liberal, progresista, y republicana, bebe directamente de la obra liberal de los pensadores de La Ilustración, rechazando la corrupción del liberalismo que los poderosos habían llevado a cabo. En el Partido Demócrata se puede encontrar por primera vez un programa económico de con influencia socialista, y una base social caracterizada por la fuerte presencia del incipiente movimiento obrero.

Pero el socialismo de clase, no llegó hasta la fundación de la I Internacional (Londres, 1864), cuya llegada a España provocó un debate en el seno de las cortes sobre su legalización. A pesar de la defensa de la legalidad de la I Internacional por parte del Partido Demócrata, ésta fue declarada ilegal y tuvo que pasar a la clandestinidad. En esta primera internacional encontramos ya dos familias: Los partidarios del socialismo científico, y los partidarios del anarquismo. La sección Española de la I Internacional tuvo un carácter más influenciado por el anarquismo que por el socialismo científico. La disputa entre ambos movimientos se zanjó con la expulsión de los anarquistas de la I Internacional. La Primera Internacional se disuelve en 1876, pero asienta las bases del socialismo, y será el germen de la creación de los partidos socialistas y socialdemócratas en toda Europa.

El 2 de Mayo de 1879, Pablo Iglesias funda, con otras 25 personas, el Partido Socialista Obrero Español, en la taberna Casa Labra, en Madrid. Según el propio Pablo Iglesias , “El Partido Socialista es la entera emancipación de la clase trabajadora: es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores libres e iguales, honrados e inteligentes.” El programa político del PSOE fue aprobado por 40 personas el 2 de Julio de ese mismo año. En 1886, Pablo Iglesias edita el primer ejemplar de El Socialista, órgano de expresión del Partido Socialista Obrero Español, y en 1888 funda la Unión General de Trabajadores. Consigue entonces que el socialismo en España tenga voz y actuación por las dos vías posibles: la política, mediante el PSOE, y la sindical, mediante la UGT.

Foto de Pablo Iglesias

En 1889, se funda la II Internacional, a la que el PSOE se afilia. Esta organización será la unión internacional de los partidos socialistas fundados por todo el mundo, de los cuales el PSOE es el segundo más antiguo, precedido únicamente por el Partido Socialdemócrata Alemán.
En 1890 los socialistas, con Pablo Iglesias a la cabeza, celebraron la primera manifestación del 1º de Mayo, en la que exigían la jornada laboral de 8 horas y el fin del empleo de niños en las actividades laborales. En ese mismo año se lleva a cabo el II congreso del PSOE, en el que definen su posicionamiento político como un partido republicano de corte socialista y obrera, consiguiendo en 1905 tres concejales en el ayuntamiento de Madrid: Pablo Iglesias, Francisco Largo Caballero, y Pablo Ormaecha. Pero no fue hasta 1910 cuando, mediante una alianza con los partidos republicanos que se denominó conjunción republicano-socialista, el PSOE consiguió por primera vez representación en las cortes, en la figura de Pablo Iglesias, que fue reelegido en 1914.

EL Partido Socialista que, desde su nacimiento, adoptó políticas antimilitaristas, fue firme detractor de la Guerra de Marruecos, y apoya las huelgas generales en contra de la guerra, las cuales son fuertemente reprimidas por el ejército, dando lugar a la llamada Semana Trágica de Barcelona. Pablo Iglesias y otros dirigentes socialistas que habían apoyado la huelga son encarcelados.

El 24 de Febrero de 1918, el Partido Socialista obtiene seis diputados a cortes: Pablo Iglesias, Julián Besteiro, Andrés Saborit, Francisco Largo Caballero, Daniel Anguiano, e Indalecio Prieto. Un año después, Pablo Iglesias cesa parcialmente de sus responsabilidades al frente del PSOE a causa de una pulmonía (de la que morirá el 9 de Diciembre de 1925), adquiriendo entonces gran relevancia en la dirección del partido Julián Besteiro, Indalecio Prieto, y Largo Caballero.

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