Archivo de la etiqueta: estafa política

Similitudes entre PSOE y PP

-Los dos defienden el modelo económico neoliberal

-Los dos pretenden solucionar la crisis recortando derechos a los trabajadores, en lugar de a los oligarcas financieros que la han provocado.

-Los dos le han subido los impuestos a los trabajadores

-ZP le bajó los impuestos a los Ricos, y Rajoy les dio una amnistía fiscal

-Los dos defienden que ni tú ni yo podamos votar al Jefe del Estado

-Los dos defienden que, en unas elecciones, los votos de los ciudadanos deben valer más si van a PP, PSOE,  CiU, o PNV y menos si van a IU, UPyD, ERC…

-Los dos han hecho una reforma laboral injusta, y han criticado la del otro.

-Los dos han subido el IVA

-Los dos nos han dado presidentes del gobierno con un pasado falangista

-Los dos, juntos y sin preguntar a nadie, han modificado la constitución para obligar a las CC AA a gastar menos en sanidad y educación públicas.

-Los dos se han opuesto a investigar los crímenes del franquismo

-Los dos defienden la misma política internacional

-Los dos han entregado la soberanía popular de los españoles al gobierno alemán

-Los dos se oponen a la laicidad del Estado.

¿Todavía alguien cree que el PP y el PSOE son diferentes? Son el mismo partido, el PPSOE, el partido único que da sostén al régimen actual. Su división formal es únicamente para aparentar alternancia y democracia.

Y si alguien tiene pensado responder que “todos los partidos son iguales” yo le pregunto ¿Cómo coño lo sabes, si solo has dejado gobernar a dos que, además, defienden exactamente lo mismo? HAY MÁS PARTIDOS. Hasta ahora solo ha gobernado la derecha (PPSOE), ya va siendo hora de que gobierne la Izquierda.

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El gobierno gobierna, pero no manda.

Cuando el liberalismo español comenzó a gobernar, tuvo que hacer frente al poder absoluto del Rey, para lo cual fue necesario redactar nuevas constituciones que estableciesen el principio de soberanía nacional, ese que los revolucionarios franceses enunciaban como “la soberanía reside en la nación, y no en el Rey”. Pero, por supuesto, aquellos templados liberales españoles no tenían ni intención ni tampoco opción, de suprimir una institución que, por definición, es contraria a los principios del liberalismo real (y ya no digo nada de la democracia): La monarquía. Por eso decidieron crear nuevas formulas de gobierno que le entregasen al Rey un mero papel institucional, mientras que el verdadero poder político residía en las cortes.  Para ello, adoptaron la premisa que, en su momento, gritaban los defensores del monarca francés Luis Felipe de Orleans, es decir, “El Rey reina, pero no gobierna”.  Esa es la frase que se sigue utilizando en la educación primaria (o, al menos, se utilizaba cuando yo era alumno, no hace tantos años) para explicar a los niños como funciona la actual monarquía Española. Por supuesto, esta explicación  suele ir, además, acompañada de una serie de mitificaciones (La Transición, el 23-F, etc.) que tienen una función más cercana al adoctrinamiento que a la educación.

Hasta este punto, puede parecer que este texto va a tratar sobre la monarquía. Si algún lector estaba a punto de sacar su bandera tricolor y cantar el Himno de Riego, siento decepcionarle, pero el tema no es ese. El lema de “El Rey Reina pero no gobierna” ha servido para definir un sistema que ha permanecido de forma más o menso intermitente en la historia de España. No obstante, hoy nos encontramos ante una nueva etapa de la Historia. Y es que ese poder que se arrebató a la monarquía para entregárselo a las instituciones elegidas por el pueblo, ha sido, de nuevo, traspasado a unos nuevos  organismos soberanos: los mercados. Si en España “el Rey reina, pero no gobierna”, no es menos cierto que “El gobierno gobierna, pero no manda”. Y es que las instituciones clásicas de poder, es decir, los gobiernos y los parlamentos, están ya completamente subordinadas al interés de esos llamados mercados, y ya no tienen ni voz ni voto en ninguna cuestión que sea relevante. Han pasado a ocupar el mismo papel testimonial que ocupan las monarquías en los regímenes constitucionales.

Sin ir más lejos, estos días hemos visto como se ha producido el famoso “rescate” a la banca española.  Si uno tira de hemeroteca reciente (basta con echar un vistazo al último mes) podemos ver como el gobierno niega por activa y por pasiva la posibilidad de un rescate. No solo eso, si no que hicieron lo posible por demostrarle al mundo que era innecesario. Si retrocedemos un poco más en el tiempo, hasta llegar a los últimos coletazos del gobierno de Zapatero, podemos ver como el PP agitaba el fantasma del rescate a España. En aquel entonces, un rescate implicaba el fin del bienestar de los españoles (no sé muy bien que bienestar) y era algo que había que evitar a toda costa. Pues bien, hace un par de días, los mercados (a través de esa correa de transmisión de los mandatos de los oligarcas financieros en que se ha convertido la Unión Europea) obligaron a Rajoy a aceptar ese rescate que tanto temía y que tan innecesario consideraba. Eso sí, en rueda de prensa, nuestro presidente hizo gala de una hipocresía que roza el monólogo humorístico, y afirmó que era él el que había presionado para conseguir el rescate. En aquel momento creí ver a Fernando VII afirmando que juraba por convencimiento aquella constitución de 1812, y no como fruto del pronunciamiento militar de Riego. Y es que, aunque el Rey no gobierne, y el Presidente no mande, ninguno de los dos puede parecer un pelele carente de utilidad. Tienen que justificar su sueldo y sus privilegios.

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La contradicción tiene nombre propio: Francisco Álvarez-Cascos (FAC)

Un resumen de las contradicciones del hombre que, viviendo voluntariamente en Madrid, dijo que quería recuperar el orgullo de ser asturiano.

 

El 25 de Marzo, tuvieron lugar las elecciones convocadas anticipadamente por el Presidente d’Asturies, Francisco Álvarez-Cascos. El resultado de estas elecciones fue la derrota del partido casquista (FAC) ante el PSOE, pero la suma de FAC+PP seguía teniendo mayoría absoluta. Unos días después, el voto emigrante le entregó un escaño a la FSA, a costa de Foro. Desde entonces, Cascos ha intentado por todos los medios construir una mayoría que impida que los socialdemócratas, liderados por Javier Fernández, lleguen al gobierno del principado. Entre otras cosas, “El Caudillín” está dispuesto, no solo a pactar con el PP, sino incluso a cederles la presidencia.  Algo que es bastante curioso, ya que estás elecciones se anticiparon precisamente por la absoluta imposibilidad de que Foro y PP llegaran a un acuerdo. Esta podría parecer una contradicción coyuntural, de esas que tanto hay en política. Pero, si repasamos la historia de Cascos, vemos que lo que más abundan son las contradicciones.

Francisco Álvarez-Cascos comienza su carrera política en Alianza Popular, partido que votó en contra del divorcio, lo que no le impidió divorciarse. En sus inicios, concedió una entrevista a la Hoja del Lunes de Gijón, donde reconoció que admiraba a Franco[1], pero, muchos años después, calificaría de extremistas y antidemócratas a los dirigentes del PP de Xixón, como forma de justificar su distanciamiento de éstos.

Las relaciones de Cascos con el PP de Asturias han sido siempre tortuosas. En 1998, el entonces vicepresidente del gobierno de España y secretario general del PP (o general secretario, como le solían llamar) acusó al presidente de Asturias, el popular Sergio Marqués, de seguir prácticas políticas nacionalistas, llegando a provocar la expulsión de Marqués, y provocando que Asturies tuviese un gobierno en minoría, con el propio presidente gobernando desde el grupo mixto. Años más tarde, Cascos abandonaría el PP y fundaría Foro Asturias, comenzando a referirse a Asturies como “país”. Paradójicamente, después de pasar toda una campaña autonómica fingiendo un supuesto regionalismo, definiendo a Asturies como país, y diciendo que FAC era un partido netamente asturiano, decidió presentarse a las generales por Madrid, diciendo que iban al congreso de los diputados para luchar contra los nacionalismos. Así, Cacos pasó del españolismo al asturianismo para volver, de nuevo, al españolismo, en tan solo un año. La coherencia no es un valor importante para este ególatra caballero que le puso a su partido las siglas de su propio nombre.

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XXXVIII Congreso del PSOE. Nada Nuevo Bajo el Sol

No tenía muy claro cómo empezar este artículo, así que me dispuse a ojear los sitios web de Rubalcaba y Chacón, con la finalidad de encontrar un buen principio para este texto. Vaya si lo encontré. La primera página a la que le eché un vistazo fue a la de Alfredo Pérez Rubalcaba y, nada más entrar, me llamó la atención un cartel que rezaba “+Socialismo”. En parte es entendible que Rubalcaba diga que quiere más socialismo, pues un PSOE menos socialista de lo que ya es sería una imposibilidad solo comparable con resucitar a los muertos (en este caso, resucitar los principios del PSOE, muertos a manos de Felipe González en el 38 Congreso del Partido).

Es bastante divertido (dicen que en estos casos es mejor reír que llorar) ver como Rubalcaba y Chacón se intentan vender como adalides del progresismo, como los renovadores que empujarán al PSOE hacia una política de izquierdas, alejándoles de las medidas que les llevaron al devastador resultado del 20N. Los dos olvidan que ambos fueron ministros con Zapatero, que ambos fueron participes de las políticas absolutamente neoliberales que éste practicó. En aquella época, ninguno protestó por el aumento de la edad de jubilación, la reforma laboral, la subida del IVA…Ni si quiera se quejaron de que, mientras el gobierno sometía a los trabajadores a todas estas penalidades, entregaba dinero a la banca, la gran causante de la crisis. Ahora, quieren mostrarse como los defensores de los desvalidos, los grandes líderes del progreso y del cambio. ¿Por qué tienen ahora tanta necesidad de cambio en España, si solo hace un mes que no están en el gobierno? ¿Es que no han tenido tiempo en ocho años para llevar a cabo todas esas propuestas?

Otra cuestión que debería plantearse cualquier ciudadano inteligente es cuáles son las diferencias entre Chacón y Rubalcaba, ya que éstos parecen haber dividido a la militancia socialdemócrata en dos proyectos. Pues bien, después de revisar a fondo las páginas de ambos candidatos, de leer sus intervenciones, y de descifrar sus eslóganes (+Socialismo en el caso de Rubalcaba, Mucho PSOE por hacer en el caso de Chacón), se llega de forma inevitable a una conclusión inequívoca: no existe diferencia alguna entre ambos candidatos. ¿Cuál es entonces la finalidad de este congreso? Pues sencilla y llanamente hacerle un lavado de cara al PSOE, para que el próximo líder del partido pueda hacerse pasar por izquierdista, por progresista, o simplemente, por alternativa al modelo de Rajoy, es decir, al modelo que ellos mismos desarrollaron durante 8 años de gobierno. Puede parecer que esta conclusión podría ser suficiente para poner punto y final a este análisis del proceso de primarias del PSOE, al quedar al descubierto que no es más que una pantomima, pero resulta que los comicios internos de los socialdemócratas son como las muñecas rusas, pues dentro de este macrofraude, hay una gran cantidad de fraudes más pequeños.

Por un lado tenemos la campaña de Rubalcaba. Hay una serie de puntos a destacar en el llamado Discurso de las Ideas, de Pérez Rubalcaba. En él, el político cántabro afirma que tiene un vivido recuerdo de dos congresos, uno de los cuales fue Aquél en el que Felipe González nos convirtió en un partido de gobierno, y fue la antesala del triunfo electoral, el del cambio. Dicho de otro modo, aquel en el que Felipe González consiguió obligar al partido a cambiar de ideología, a abandonar sus ideas, con el fin de ganar las elecciones. Esta podría ser, en parte, la explicación al +Socialismo del eslogan de Rubalcaba: Con tal de obtener el poder, el PSOE es capaz de abandonar y recuperar el socialismo a su antojo. De ser así, sería desde luego, una política tremendamente oportunista, pero, al menos, serviría para volver a ilusionar a los socialistas desencantados por el PSOE. Pero no saquemos conclusiones precipitadas. Si seguimos leyendo, nos encontramos con párrafos como este: Y lo que no podemos ahora es olvidarnos de nuestro programa. No podemos hacer de Groucho Marx. ¿No les gusta nuestro programa? Pues aquí tenemos otro. ¿En qué quedamos, Alfredo?

Pero la candidata catalana no se queda lejos en lo que a demagogia se refiere. Del manifiesto Mucho PSOE por hacer, destaca la siguiente frase: Lo importante para nuestro futuro no es quién, sino en qué y por qué nos equivocamos. Después de esto, uno espera que venga una autocrítica. Tal vez una autocrítica sincera, tal vez una autocrítica falsa, pero una autocrítica. Podemos esperar sentados. A pesar de que el texto está lleno de enunciados como éste, no hay ni una sola crítica a las políticas neoliberales del gobierno de Zapatero, al contrario, el texto está lleno de justificaciones de estas medidas. Frases como “el adverso entorno económico internacional ha erosionado el crédito de nuestras políticas entre los ciudadanos”, son abundantes en el documento. Lo más parecido a una autocritica que se puede encontrar en el texto, son enunciados como este: “Cuando aplicamos, ciertamente obligados, políticas contra la crisis ajenas a nuestra orientación ideológica y a nuestros valores, perdimos otra parte de nuestro crédito”. De nuevo, cada intento de autocrítica se transforma en una justificación ¿Y esta es la candidata que apoyan los ya casi inexistentes sectores izquierdistas del PSOE?

Por tanto, no existe atisbo de cambio, autocrítica, o relevo generacional en el próximo congreso del PSOE. Ante esta situación, cabe preguntarse qué está esperando la corriente crítica Izquierda Socialista para romper con el PSOE, al igual que lo han hecho las corrientes socialistas de izquierda del Partido Socialista francés o del Partido Socialdemócrata Alemán. Ahora, en plena refundación de la izquierda, y ante la grave crisis de la socialdemocracia un Parti de Gauche o un Die Linke sería muy útil en las filas de la izquierda española.

Publicado también en http://www.cronicapopular.es/?p=7335

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Nada que celebrar este 6 de Diciembre

El 6 de diciembre de 1978, se aprobó una constitución. No era, ni mucho menos, una constitución perfecta. Es más, la constitución del 78 distaba mucho de ser el modelo de constitución que yo defiendo (establecía la monarquía como modelo de estado, no garantizaba la separación de poderes, establecía la circunscripción provincial…). Pero, a pesar de todo, si el 6 de Diciembre de 1978, yo hubiera tenido 18 años, habría votado a favor de esa constitución.

Eran tiempos difíciles. España salía de una terrible dictadura, en la que todo aquel que no pensase igual que las fuerzas dominantes, era asesinado. Tras la muerte del General Franco, y el inicio del proceso de apertura democrática, se llegó a un cuasi-pluralismo político (los partidos con la denominación “republicano” en su nombre seguían sin ser legales, al igual que el Partido Carlista), y, finalmente, se convocaron unas elecciones a cortes, las cortes que, más tarde, redactarían la constitución.

La izquierda no podía exigir mucho, dada la situación de la que venía, pero, aún así, consiguió incluir en la constitución grandes avances sociales. Esto hizo que, el 6 de diciembre de 1978, millones de socialistas, republicanos, laicistas, federalistas…en definitiva, personas que, de ningún modo veían en ese texto el modelo constitucional que ellos deseaban, acudieran a votar Sí en el referéndum de la constitución.

Luego vimos que, en la realidad, esa constitución se aplicaba muy poco. El derecho a la vivienda digna era una utopía, la ley electoral establecía un sistema de recuento de votos no proporcional, durante muchos años, los sacerdotes no pagaban impuestos…en definitiva, había muchos artículos de la constitución que no se cumplían. A medida que nos íbamos dando cuenta de esto, nos íbamos desengañando. Esta no parecía ser la democracia que nos habían vendido. Pero esto no fue suficiente para el PPSOE (que, en la práctica, ostentaba el título de partido único del régimen, e impedía el cumplimiento efectivo del pluripartidismo que promulgaba la constitución), así que el 23 de Agosto de 2011 se propone una reforma constitucional, que fija el techo de déficit de las Comunidades Autónomas (que son los entes administrativos que tienen las competencias de educación, sanidad, dependencia…). Esto supone, en la práctica, una ruptura total con los principios sociales que la izquierda consiguió imprimir en la constitución del 78. No por que elimine los artículos que hablan de estos derechos, sino por que los hace, sencillamente imposibles de pagar. Esto supone de facto una ruptura del consenso constitucional, y una reforma en los aspectos básicos de la constitución. Esta ya no es la constitución del 78. Por eso no tenemos nada que celebrar este 6 de Diciembre.

Por todo ello, yo, como ciudadano del Estado español que ha sido vilmente estafado por estos canallas, como hombre de a pie al que le han cambiado la constitución sin preguntarle, como persona de izquierdas que aceptaba una constitución aprobada en referéndum a pesar de que no me gustaba, me opongo firmemente a la nueva constitución Agostina. No la acepto, no la asumo, y no la acato. Seguiré siendo un honrado ciudadano que viva bajo las normas de la constitución de 1978. Mi objetivo no es, ni mucho menos, rebelarme contra una constitución en nombre de otra cuyo contenido me guste más. Si así fuera, no me retrotraería a la constitución del 78, sino a la del 31. Simplemente no acato una constitución impuesta, que no considero legítima, por no contar con el respaldo de la ciudadanía, y por tanto, me quedo en el último marco constitucional refrendado, que es el de 1978.

PD: Si os ha interesado este artículo, quizá os interese también este otro: http://franrey.blogia.com/2011/083101-el-reformazo.php#comentarios

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El Orden y la Estabilidad.

El orden. No hay concepto más aterrador para las personas que saben historia y están comprometidas con la libertad. Las mayores tropelías de la humanidad han sido cometidas en nombre del orden. Cada vez que un pueblo se indigna y se atreve a protestar, a poner fin a una determinada injusticia, siempre hay alguien que, en nombre del orden, suprime las libertades y oprime al disidente. Ocurrió en Chile y en España, cuando los militares se sublevaron contra la voluntad popular, que clamaba cambio. Ocurrió en Alemania, cuando el gobierno del SPD reprimió violentamente a la Liga Espartaquista (con ayuda de las milicias de extrema derecha). El orden es la excusa que tradicionalmente utilizan las oligarquías (gobiernos, militares, burgueses…) para impedir cambios sociales o transformaciones democratizadoras. Es la excusa para suprimir la soberanía popular.

La palabra orden ha sido utilizada en tantas ocasiones, que, poco a poco, la gente se ha ido dado cuenta de su significado, de la relación inequívoca entre orden y represión. Esto ha llevado a la oligarquía a desarrollar un nuevo término para utilizarlo con las mismas consecuencias que el anterior: la establidad.

En nombre de la estabilidad, España tiene una ley electoral antidemocrática, que hace que los votos al PPSOE valgan más que los votos a IU o UPyD. En nombre de la estabilidad (económica), esto es, la garantía de que los ricos no vean en riesgo sus fortunas a causa de sus errores financieros, los trabajadores tenemos que pagar una crisis que no hemos provocado.  Orden y estabilidad. Cada vez que oigo estas palabras me pongo a temblar.

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Historia del Socialismo IV: Y Felipe destruyó el Partido Socialista.

En 1974, en el congreso de Surenses, se produjo la división del partido en dos: los renovados que eligieron como líder a Felipe González (antiguo miembro de las franquistas Juventudes de Acción Católica), y los históricos que rechazaron la validez de la elección y continuaron con Rodolfo Llopis como líder del partido.

La llegada de las elecciones de 1977 pilló al PSOE en medio de esta división. Como consecuencia, por aquella época había dos partidos que se autodenominaban Partido Socialista Obrero Español, el renovado de González, y el Histórico de Llopis. Los dos se presentaron a los comicios, pero el primero tenía el apoyo económico de la CIA, el SPD alemán y el Partido Demócrata de los EE. UU. y el segundo contaba sólo con las cuotas de sus militantes. Era inevitable que el PSOE renovado se hiciera con el voto socialista, y el histórico tuviese pésimos resultados, como así fue. La UCD gana esas elecciones con 166 escaños, por detrás queda el PSOE renovado, con 118, en tercera posición quedó el PCE, con 19 diputados,  y en quinta posición (por detrás de la Alianza Popular de Manuel Fraga) la coalición PSP-US, con 6 escaños. Obtienen también representación un amplio abanico de partidos nacionalistas. Los renovados habían conseguido ser la segunda fuerza política, mientras que los históricos quedaban fuera del parlamento, el histórico Partido Comunista, que había sido el partido que más había combatido la dictadura franquista, quedó en un tercer puesto.

En Mayo de 1979 se celebra el XXVIII congreso federal del PSOE, en el que Felipe González propone que el partido abandone el marxismo. En palabras de Felipe González “Si alguien me dice que hacemos esto porque queremos ocho millones de votos, le diré que sí, que queremos y necesitamos ocho millones de votos. No tengo inconveniente en que se me llame socialdemócrata.” La militancia socialista se indignó ante tal despropósito, y los argumentos de González fueron desechados. Como dijo Pablo Castellano durante aquel congreso: “Renunciar al marxismo significa renunciar el sentido revolucionario del partido de Pablo Iglesias”. El congreso termina con el PSOE aún marxista, y Felipe, que no se resigna en sus pretensiones de hacer que el PSOE abandone sus principios, dimite como secretario general  a modo de  “últimatum”.

Tras la dimisión de González, una gestora se hace cargo del partido y convoca un congreso extraordinario para solucionar la crisis. Las principales cabezas del sector crítico con Felipe, la izquierda del partido, comienzan a reunirse para postular una posible candidatura, alternativa a la de González, que represente los ideales marxistas del PSOE. Se estaba hablando de presentar a Tierno Galván como candidato a la secretaría general, cuando le llegó un mensaje de la embajada americana que alertaba sobre un posible golpe de estado si de aquel congreso salía una ejecutiva escorada hacia la izquierda y dirigida por él. Simultáneamente, el Partido Socialdemócrata Alemán advertía que “Si hay  marxismo, no hay marcos”. El efecto conseguido fue el deseado: se sembró entre los militantes socialistas el temor a un golpe de estado y al corte de financiación del partido, que podía hacer imposible que el PSOE derrotase a la UCD. Así fue como se consiguió evitar que los críticos presentaran una candidatura alternativa, siendo elegido de nuevo secretario general Felipe González. Y así fue como el PSOE dejó de ser marxista.

En 1981, el Ministerio del Interior del gobierno de Adolfo Suárez, decide reconocer las siglas del PSOE únicamente para el partido renovado que encabeza Felipe (ya sin marxismo), obligando al PSOE histórico a renunciar al nombre del partido de Pablo Iglesias. Finalmente, los históricos deciden renombrar al partido como Partido Socialista (PS).  Pasados los plazos legales para impugnar la inscripción, pero alarmados por al creciente activismo del Partido, el gobierno cancela su registro. El Secretario General manda una carta al Rey, de la que no hubo contestación, pero a los pocos días se restablecía el registro. Gracias a ello el Partido Socialista (PS) pudo entrar en la campaña electoral de octubre de 1982, y dado el número de candidaturas que presentaba en toda España se le otorgaron amplios espacios oficiales en los medios de comunicación. Sin embargo, el día de la votación, el 28 de ese mes, mediante telegrama de la Audiencia Nacional a los Colegios Electorales, se volvió a cancelar el registro del partido en lo que seguramente constituye un caso único en el mundo. Finalmente sería el PSOE el ganador de esas elecciones de 1982, que obtuvo la mayoría absoluta con 202 escaños. Tal vez los resultados habrían sido algo diferentes si el PS hubiera podido presentarse. Tal vez el PSOE no hubiera monopolizado el socialismo parlamentario, y hubiera tenido que gobernar de forma diferente. El caso es que no fue así, y el gobierno del PSOE no se caracterizó precisamente por ser un gobierno de izquierdas.

El 28 de Octubre de 1982, el PSOE gana las elecciones generales. Felipe González es elegido presidente y forma un gobierno lleno de figuras del felipismo. No aparece ningún representante del sector crítico, como Pablo Castellano o Gómez Llorente, pero sí que hay, en cambio, antiguos miembros de la UCD, como Fernández Ordoñez. El PSOE había llegado al gobierno prometiendo una gran cantidad de reformas sociales, como igualar la pensión mínima al salario mínimo o sacar a España de la OTAN. Pero, una vez en el poder, no hizo más que políticas de derechas (bajó las pensiones a la par que subían los precios y se mostró favorable a la permanencia de España en la OTAN, por seguir con los ejemplos anteriormente citados). Esto mostró un gran descontento entre sus bases y en especial en la corriente crítica Izquierda Socialista (formada en 1979 por los contrarios a abandonar el marxismo, y liderada por Pablo Castellano y Gómez Llorente). Como al PSOE le molestaba tener a un “pepito grillo” recordándoles el significado de sus siglas y las promesas electorales, Pablo Castellano fue expulsado (de forma antiestatutaria, por cierto), con lo que muchos militantes se dieron de baja del PSOE como protesta, ingresando junto con Castellano, en el Partido de Acción Socialista (PASOC), que era el nombre con el que los históricos habían logrado al fin inscribir su partido en el ministerio del interior.

A partir de este momento el PSOE ya no podía ser considerado un partido socialista, y su viaje hacia la derecha continuó hasta el día de hoy, siendo más que evidente su afinidad por las ideas neoliberales, la defensa del capitalismo salvaje, y un escaso carácter demócrata. Puesto que a partir de este punto ya no se puede considerar al PSOE como socialista, no continuaré hablando de él en esta historia del socialismo español, salvo cuando tenga que hacerlo para narrar algún hecho relativo al verdadero socialismo.

En la siguiente entrega: El socialismo después del PSOE. La integración de los socialistas en Izquierda Unida. El Socialismo hoy.

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