Archivo de la etiqueta: Democracia

No soy antimonárquico, soy republicano.

Acabo de poner a ondear la bandera tricolor en la ventana de mi habitación, como hago todos los años por estas fechas. Y no lo he hecho, como piensan muchos, para decir que no quiero que haya reyes. Obviamente, como republicano, estoy en contra de la monarquía. No se puede ser republicano y defender que el jefe del estado no sea elegido democráticamente por todos los ciudadanos. Pero, ser antimonárquico, no te convierte necesariamente en republicano. El republicanismo es mucho más que eso.

revolucion-francesa

La libertad guiando al pueblo, de Eugène Delacroix. Alegoría de la libertad, bandera republicana en mano, guiando al pueblo revolucionario francés. Bajo sus pies, los caídos por la libertad.

La República (del latín Res publica¸ que significa la cosa pública, es decir, lo común, lo de todos) es una forma de estado basada en los valores de la Ilustración. Aunque su nombre hace mención a la antigua República Romana, el concepto moderno de república tiene su origen en las revoluciones liberales de finales del siglo XVIII. En este sentido, la república, es la forma del estado en la que se materializan los valores democráticos, ilustrados, y herederos de las revoluciones liberales, es decir: La separación de poderes, la soberanía popular, el sufragio universal, el sometimiento de toda ley a la declaración de derechos humanos, la libertad de prensa y de expresión, la libertad de culto (el laicismo y, por tanto, la separación entre la Iglesia y el Estado), la emanación popular de todos los poderes (elección directa mediante el sufragio anteriormente citado), el reconocimiento de los derechos sociales (derecho a la huelga, a la sanidad y educación públicas, a un trabajo digno…), etc. Todo lo anterior quiere decir que, si ahora decidimos quitarle su trabajo al señor Felipe de Borbón, es decir, quitarle el cargo que adquirió por ser “hijo de” (algo que normalmente está terriblemente mal visto pero que, paradójicamente, se acepta cuando se trata del más elevado cargo del Estado) y decidimos que pase a desempeñarlo quién gane unas elecciones cada cuatro años, España seguirá sin ser, en rigor, una verdadera república. Y no lo será porque, si solo cambiamos ese detalle, dejando todo lo demás como está, seguiremos encontrando lo siguiente: a) Seguirá sin existir separación de poderes. En España el legislativo elige al ejecutivo y a una parte del judicial, de modo que quien gane unas elecciones con una mayoría contundente, puede instaurar una “dictadura de cuatro años” (como la del señor Rajoy), que en modo alguno es una democracia, aunque emane de las urnas, y que es abiertamente contraria a los valores republicanos. b) Los poderes del estado seguirán sin emanar de la voluntad popular, pues los ciudadanos no podrán elegir ni al poder ejecutivo (que será elegido por el legislativo) ni al poder judicial, que se elige en un sistema que entremezcla un corporativismo en el que algunos señores eligen a sus sucesores a dedo, con otros que son elegidos, también a dedo, pero, de nuevo, por el legislativo. c) Seguiremos sin regirnos por la Declaración Internacional de los DD.HH., ya que numerosas leyes españolas, como la recién aprobada Ley Mordaza (que se carga de un plumazo la libertad de expresión y de manifestación como derechos fundamentales), o como el reformado artículo 135 de la constitución (que prioriza el pago de la deuda a los derechos sociales), son absolutamente contrarias a los DD.HH. logo-repc3bablicad) Seguirán vigentes los acuerdos vaticanos, abiertamente inconstitucionales, con lo que no habrá separación Iglesia-Estado. Todos los ciudadanos, independientemente de si somos ateos, católicos, protestantes, musulmanes, judíos, budistas, testigos de jehová, o cualquiera que fuese nuestra confesión, estaríamos financiando a la Iglesia Católica, la cual, además, no paga el IBI por ninguno de sus bienes inmuebles (y no me refiero a los templos, me refiero a las casas en las que viven los obispos, a edificios de oficinas que alquila a determinadas empresas cobrando un buen dinero, y un largo etcétera de propiedades que no pagan impuestos). Más aún, estaríamos financiando la aberrante práctica de introducir el adoctrinamiento religioso en los centros públicos a través de la asignatura de religión. e) Tampoco estarían plenamente reconocidos los derechos sociales. Y dejo este punto para el final por ser el más peculiar de todos. Y es que, en nuestra constitución monárquica, la mayoría de los derechos sociales están reconocidos (derecho a la sanidad y a la educación públicas y universales, al trabajo, a la huelga, a una vivienda digna…) pero, paradójicamente, muchas de las leyes que regulan estos derechos, son anteriores a la propia constitución y, por tanto, al reconocimiento mismo de ese derecho (hablo, por ejemplo, de la Ley de Huelga de 1977) o directamente no existen (no hay ninguna ley que disponga las medidas necesarias para garantizar el derecho a la vivienda o al trabajo). Incluso, se legisla en sentido contrario a esos derechos (como en el caso de la ley de liberalización del suelo de Aznar) sin que esto suponga un choque frontal con nuestra Carta Magna. Por tanto, aunque es evidente que en una república no puede haber un rey, porque la monarquía es contraria a los principios republicanos de elección democrática de los cargos del estado, de soberanía popular, y de separación de poderes, es obvio que, por el mero hecho de que no haya rey, no se cumplen en absoluto los requisitos necesarios para decir que un estado es verdaderamente republicano. Hay países que pueden ser considerados verdaderos modelos de republicanismo (Francia, por ejemplo). Pero hay otros países, que llevando la palabra república en el nombre, no lo son en absoluto, por no cumplir con los valores ilustrados del republicanismo. Por todo ello, compañeros republicanos, dejemos de pensar en tratar de echar al Rey, y comencemos a pensar en tratar traer la República. ¡Viva la República! f3238-banderadelarep25c325bablicaespa25c325b1ola

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

¿Democracia o Mercados? ¿Tsipras o Merkel?: Tú eliges.

En las próximas elecciones, los ciudadanos de la Unión Europea nos jugamos nuestro futuro. Y no solo para los próximos cinco años, sino, posiblemente, para toda una generación. Estas elecciones, en las que habitualmente suele haber una elevada abstención, son de extraordinaria importancia, pues es desde Europa desde donde se nos está imponiendo un nuevo modelo político, social y económico: el neoliberalismo.

En el neoliberalismo, los derechos sociales no existen. Los neoliberales no encuentran ninguna razón para que el Estado, sufragado con los impuestos de los contribuyentes, proporcione unos derechos sociales básicos a la ciudadanía. Tampoco entienden que los mercados estén regulados (como lo están el tráfico, la pesca, y cualquier otra actividad en el que la acción de una persona repercuta en las demás) y se atengan a normas y leyes, para evitar que el instinto de algunos por enriquecerse todo lo posible, no provoque el empobrecimiento de otros. Y, desde luego, no pueden soportar que cualquier decisión popular y democrática de la mayoría, pueda suponer un obstáculo para sus intereses, por eso son firmes detractores de la democracia, por eso impusieron gobiernos “tecnocráticos” (eufemismo para decir que apartaron de su puesto al presidente electo por el pueblo y pusieron otro a dedo) en Grecia o en Italia.

Por todo ello, estas elecciones son extraordinariamente importantes. Pues debemos emplearlas en frenar al neoliberalismo. Si no lo hacemos, no valdrá con probar suerte dentro de otros cinco años, pues terminarán de imponer su modelo, y perderemos una oportunidad histórica. Una oportunidad perdida que supondrá más recortes, y menos democracia, hasta la aniquilación total del estado democrático y social. Si alguien cree que estoy siendo pesimista en exceso, es que realmente no ha vivido en este mundo los últimos años ¿Acaso no ha habido un enorme retroceso en derechos sociales y democráticos? ¿Qué nos esperará con otros 5 años de gobierno de Merkel y su troika? No nos la podemos jugar, porque no nos estamos jugando el presente, que es nuestro, nos estamos jugando el futuro, que pertenece a las generaciones siguientes.

Frente al modelo neoliberal de Merkel y la Troika, el modelo que defienden los conservadores y los socialdemócratas europeos, representados en España por PSOE, PP y UPyD, surge la alternativa del Partido de la Izquierda Europea. Una alternativa que nace espontáneamente en Grecia, el país que más ha sufrido los brutales ataques del neoliberalismo. La alternativa se llama Alexis Tsipras, un hombre que consiguió aglutinar a toda la izquierda griega bajo un nuevo partido, SYRIZA, y que se presentó a las elecciones generales en Grecia. La aparición de Tsipras supuso un verdadero revuelo entre las hordas neoliberales que, por primera vez en años, se sentían realmente asustadas, pues por fin existía una alternativa que podía devolverle al pueblo el poder robado por esos llamados mercados, que no son más que los especuladores financieros, los jefes de Angela Merkel. Los neoliberales trabajaron duramente para evitar la victoria de Tsipras, hasta el punto de llegar a la inédita situación de que todos los peces gordos europeos (Merkel, Draghi…) participaron activamente en la campaña electoral griega, intentando asustar a los posibles votantes de Tsipras. Consiguieron que Tsipras no ganara, pero quedó segundo por muy poca diferencia, un resultado muy bueno teniendo en cuenta la campaña tan brutal en su contra. Para más inri, todas las encuestas señalan que SYRIZA ganará las próximas elecciones generales en Grecia. La Troika puso toda la carne en el asador, pero solo pudo retrasar lo inevitable: su propia derrota a manos del pueblo griego al que tanto han maltratado. Derrota que espero que se repita en todos los demás países del sur, que hemos sido víctima, al igual que Grecia, de un golpe de estado moderno, no con guardias civiles en el congreso, sino con banqueros y especulación financiera.

Alexis Tsipras, candidato del PIE a presidente de la Comisión Europea

Es el momento de poner punto final a los ataques del neoliberalismo a la democracia y a los derechos sociales, llegó la hora de votar, pensando no en la gestión del sistema, sino en cual es el sistema que queremos: un sistema inhumano, antidemocrático, en el que los ciudadanos no sean más que mercancía en manos de oligarcas y banqueros, o un sistema profundamente democrático y que garantice los derechos sociales. Solo el pueblo defiende al pueblo. Llegó la hora de votar a favor de la esperanza que surgió en Grecia, el hombre que hizo temblar a Angela Merkel. El voto útil, el voto que defiende tus derechos, el voto que pide más democracia, es el voto a Alexis Tsipras, es el voto al Partido de la Izquierda Europea.

En España, el Partido de la Izquierda Europea está representado por Izquierda Plural, una coalición resultado del descontento social, las mareas, y las luchas en la calle, que han propiciado el encuentro en una misma candidatura de doce organizaciones, unidas para devolver el poder a la gente. Entre las 12 organizaciones que integran Izquierda Plural se incluyen Izquierda Unida (IU), Alternativa Socialista, Los Verdes, ANOVA o ICV.

Por eso, en estas elecciones, tú decides: ¿Democracia o Mercados? ¿Poder popular, o austericidio? ¿Merkel o Tsipras? Si apuestas por el cambio, en estas elecciones, tu opción es Izquierda Plural.

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

El gobierno gobierna, pero no manda.

Cuando el liberalismo español comenzó a gobernar, tuvo que hacer frente al poder absoluto del Rey, para lo cual fue necesario redactar nuevas constituciones que estableciesen el principio de soberanía nacional, ese que los revolucionarios franceses enunciaban como “la soberanía reside en la nación, y no en el Rey”. Pero, por supuesto, aquellos templados liberales españoles no tenían ni intención ni tampoco opción, de suprimir una institución que, por definición, es contraria a los principios del liberalismo real (y ya no digo nada de la democracia): La monarquía. Por eso decidieron crear nuevas formulas de gobierno que le entregasen al Rey un mero papel institucional, mientras que el verdadero poder político residía en las cortes.  Para ello, adoptaron la premisa que, en su momento, gritaban los defensores del monarca francés Luis Felipe de Orleans, es decir, “El Rey reina, pero no gobierna”.  Esa es la frase que se sigue utilizando en la educación primaria (o, al menos, se utilizaba cuando yo era alumno, no hace tantos años) para explicar a los niños como funciona la actual monarquía Española. Por supuesto, esta explicación  suele ir, además, acompañada de una serie de mitificaciones (La Transición, el 23-F, etc.) que tienen una función más cercana al adoctrinamiento que a la educación.

Hasta este punto, puede parecer que este texto va a tratar sobre la monarquía. Si algún lector estaba a punto de sacar su bandera tricolor y cantar el Himno de Riego, siento decepcionarle, pero el tema no es ese. El lema de “El Rey Reina pero no gobierna” ha servido para definir un sistema que ha permanecido de forma más o menso intermitente en la historia de España. No obstante, hoy nos encontramos ante una nueva etapa de la Historia. Y es que ese poder que se arrebató a la monarquía para entregárselo a las instituciones elegidas por el pueblo, ha sido, de nuevo, traspasado a unos nuevos  organismos soberanos: los mercados. Si en España “el Rey reina, pero no gobierna”, no es menos cierto que “El gobierno gobierna, pero no manda”. Y es que las instituciones clásicas de poder, es decir, los gobiernos y los parlamentos, están ya completamente subordinadas al interés de esos llamados mercados, y ya no tienen ni voz ni voto en ninguna cuestión que sea relevante. Han pasado a ocupar el mismo papel testimonial que ocupan las monarquías en los regímenes constitucionales.

Sin ir más lejos, estos días hemos visto como se ha producido el famoso “rescate” a la banca española.  Si uno tira de hemeroteca reciente (basta con echar un vistazo al último mes) podemos ver como el gobierno niega por activa y por pasiva la posibilidad de un rescate. No solo eso, si no que hicieron lo posible por demostrarle al mundo que era innecesario. Si retrocedemos un poco más en el tiempo, hasta llegar a los últimos coletazos del gobierno de Zapatero, podemos ver como el PP agitaba el fantasma del rescate a España. En aquel entonces, un rescate implicaba el fin del bienestar de los españoles (no sé muy bien que bienestar) y era algo que había que evitar a toda costa. Pues bien, hace un par de días, los mercados (a través de esa correa de transmisión de los mandatos de los oligarcas financieros en que se ha convertido la Unión Europea) obligaron a Rajoy a aceptar ese rescate que tanto temía y que tan innecesario consideraba. Eso sí, en rueda de prensa, nuestro presidente hizo gala de una hipocresía que roza el monólogo humorístico, y afirmó que era él el que había presionado para conseguir el rescate. En aquel momento creí ver a Fernando VII afirmando que juraba por convencimiento aquella constitución de 1812, y no como fruto del pronunciamiento militar de Riego. Y es que, aunque el Rey no gobierne, y el Presidente no mande, ninguno de los dos puede parecer un pelele carente de utilidad. Tienen que justificar su sueldo y sus privilegios.

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

España no es una democracia. Análisis de los resultados electorales.

El resultado de los comicios del 22 de Mayo no es, como nos quieren hacer creer determinados medios de comunicación, el triunfo del PP. El resultado verdadero y objetivo es el hundimiento del partido único, el PPSOE de ZP y Rajoy. Y es que la suma de PP+PSOE ha perdido más de un millón de votos. Si contamos el total de ciudadanos censados con derecho a voto (incluidos los abstencionistas y los que han votado blanco o nulo), tendremos que el PP tiene un 24% de los votos, y el PSOE un 18%. Es decir, los dos juntos no llegan ni al 40% de los votos. Dicho de otro modo, más del 60% de los ciudadanos no ha votado ni al PSOE ni al PP. Esto tiene dos consecuencias bien claras:

  1. El PP gobernará en muchos lugares con mayoría absoluta cuando su porcentaje de votos oscila en torno al 25%. Incluso si descontamos la abstención, el porcentaje de votos del PP sobre el voto total oscila en torno al 35,8%. Esto da cuenta, de nuevo, de la ausencia absoluta de democracia que hay en este país. La Ley Electoral transforma la realidad ideológica del país, emitida en forma de votos, en una serie de concejales y diputados que guardan muy poca relación con dichos votos. Esto, además, desmiente el mito de que el único inconveniente de la Ley Electoral es la división en circunscripciones, ya que en unas elecciones municipales el municipio es unicircunscricial, pero la Ley d’Hont sigue torturando a los partidos mal llamados minoritarios (como si un partido que ha sido votado por el 25% de la población pudiera ser llamado mayoritario).
  2. El bipartidismo no tiene respaldo popular. España no es una democracia, y la dictadura bipartidista no se sostiene por el apoyo popular, como nos quieren hacer creer, sino por los medios que el propio régimen tiene para defenderse, esto es, la ley electoral y las empresas (públicas o privadas) de información/manipulación. El funcionamiento es el siguiente: el ciudadano vota contra el PPSOE, pero el sistema electoral manipula los resultados (ley d’Hont y sistema de circunscripciones). Posteriormente, las empresas de información convencen al votante de que esos son los resultados elegidos por el pueblo. Una vez finalizado el proceso, el ciudadano asimila que el resto de la población ha votado distinto y, como es lo que ha sido elegido por la mayoría, lo acepta y lo asume. Llegado el caso, incluso puede sentirse decepcionado y frustrado, al verse como una minoría y contemplar que su voto nunca tiene un efecto apreciable, pasando a votar a los ganadores o dejando de votar.

En conclusión, podemos afirmar sin lugar a dudas que España es una dictadura bipartidista. Alguien puede pensar que esto es una exageración, una forma de hablar. En absoluto. Tras la muerte del dictador no hubo una transformación de dictadura a democracia, sino a dictadura de partido único a dictadura bipartidista. El motivo es muy simple, cuando solo hay un partido, es evidente que a las demás opciones políticas no se les permite llegar al poder, pero si hay dos que se suceden en el gobierno, da la impresión de que existe una alternancia, un poder de decisión real, en definitiva, aparenta ser una democracia. Pero… ¿Lo es en realidad? ¿Es acaso menos mala una dictadura bipartidista que una dictadura de partido único?. Voy a demostrar que no. Un sistema de partido único es dictatorial porque, al no haber forma de cambiar al líder, éste puede hacer lo que quiera sin respetar la opinión del pueblo. En un sistema bipartidista, una vez elegido uno de los dos partidos éste puede hacer lo que le venga en gana, ya que, si pierde las próximas elecciones, será sustituido por el segundo partido que, al actuar también en desacuerdo con el pueblo, volverá a ser sustituido por el primero. Es decir, los dos partidos pueden actuar completamente al margen del pueblo por que esto no les supondrá en ningún caso una pérdida del poder, sino una sustitución temporal.

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Traigamos la república. Pero empecemos ya.

Pasado el día 14 (que espero que todos vosotros hayáis usado para reflexionar, y no para regocijaos en un pasado más o menos glorioso), ha llegado el momento de poner “en limpio” todos los pensamientos que, durante el día de ayer, pasaron por nuestra cabeza, y  establecer las conclusiones pertinentes. Por mi parte, la conclusión a la que yo he llegado es que, una vez que hemos expuesto que modelo de república es el que queremos (podéis ver mi post del día 13 de Abril, donde expongo mi modelo de república), ha llegado el momento de empezar a luchar por ella.

La consecución de la tercera república exige dos trabajos diferentes: el primero consiste en hacer pedagogía, en llevar a todas partes las ideas republicanas. Esto ya se lleva haciendo desde bastante tiempo y, para mí, el líder indiscutible en esta materia es Julio Anguita. Ahora bien, hace falta un proyecto real que movilice a todos los republicanos y, a través del cual, podamos instaurar la III República en España. Y digo real, porque, si bien es cierto que existen numerosos partidos y asociaciones que reclaman en sus objetivos la instauración de la III República, no es menos cierto que ninguna de ellas sale de una reivindicación meramente utópico-abstracta, ya que jamás se indica una pauta, o un plazo para alcanzar sus fines.

Por todo ello yo propongo que, a la vista de las enormes repercusiones que han tenido las redes sociales en las revueltas africanas, creemos un movimiento en esas mismas redes sociales que tenga como objetivo organizar a todo@s l@s republican@s para dos fines:

  1. Crear un foro de debate para que podamos perfilar al máximo la idea republicana que este país necesita.
  2. Cuando seamos un número suficiente, salir a la calle y, de forma serena y democrática, exigir un proceso de cambio que, en un plazo de 3 años, concluya con la proclamación en España la III República.

Por todo ello, he creado el grupo de Facebook “Traigamos la III República”. Os animo a todos a participar activamente.

http://www.facebook.com/home.php?sk=group_143807965687882

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

La República que debemos traer.

Habitualmente vemos a gente de la izquierda gritar vivas a la república y alzar banderas republicanas (o mejor dicho de la II República). Pero, en demasiadas ocasiones, cuando le preguntas a cualquiera de esos entusiastas republicanos qué república es la que quieren, éstos se quedan mudos. Muchos responderán “Cualquier república es mejor que la monarquía, ya que, al menos, no tendremos una Jefatura de Estado hereditaria. Eso es antidemocrático”. Ese razonamiento es, además de erróneo, tremendamente peligroso. Es cierto que tener una jefatura de estado no electa no es democrático, pero no por ello cualquier república es mejor que cualquier monarquía. La República Social de Mussolini, basada en los ideales del fascismo, no es en absoluto mejor que la monarquía española actual, y una república que no reconozca los derechos sociales básicos de los trabajadores, y no tenga un sistema de seguridad social, tampoco es una buena república. Si seguimos defendiendo el postulado simplista de que “Cualquier república es mejor que la monarquía”, nos veremos cualquier día entregándole a la derecha los pocos derechos sociales que nos quedan a cambio de una república conservadora y antisocial. Evidentemente ellos, los monárquicos de toda la vida, firmarán gustosos la llegada de una república en semejantes condiciones. Por todo ello, es necesario que, cuando salgáis a la calle a gritar vivas a la república, no lo hagáis pensando en el concepto abstracto de república,  sino en una república concreta. Al menos, así lo haré yo.

Bien, el siguiente punto es pensar qué república es la que queremos. Yo quiero una república democrática, y eso  no supone únicamente que la jefatura del estado sea electa. En primer lugar, es necesario que haya una ley electoral democrática, justa y proporcional.  No se puede llamar democracia a un país en el que los votos valen más o menos en función de cual es el partido que los recibe. Por otro lado, una democracia implica una separación total de los tres poderes. En el actual régimen monárquico,  el congreso (sede del poder legislativo) elige al gobierno (poder ejecutivo) y a los miembros de los altos tribunales (poder judicial). Así, dos partidos juntos (PP y PSOE) eligen y designan a todos los órganos de poder del Estado. En la república que yo defiendo los tres poderes están separados, y el poder judicial no está sometido a la partitocracia. Pero una democracia no se basa únicamente en la separación de poderes. Eso es, como mucho, un estado liberal moderadamente representativo. En una democracia el poder emana directamente del pueblo que, además, participa directamente en las instituciones. Pero en la España actual, el poder judicial está completamente separado del pueblo. Los jueces no son elegidos, y los jurados populares, única forma de participación popular en el poder judicial, son casi anecdóticos. En una república democrática, la elección de los ejecutores del poder judicial, al igual que ocurre con los otros dos poderes,  está sometida al pueblo  el cual, además, está presente en absolutamente todos los juicios en forma de jurados populares.

El siguiente punto, una vez elegida la república democrática como sistema, es definir el modelo socio-económico. El actual régimen monárquico se basa en un sistema económico en el que el Estado, el gobierno y, por consiguiente, los ciudadanos están al servicio de los mercados, cuando deberían ser los mercados los que estuvieran al servicio de la sociedad. Para que esto sea posible, es necesario dotar al estado de poder para intervenir en la economía y regular el mercado para eliminar las diferencias sociales y la miseria. Esto pasa, entre otras cosas, por la nacionalización de la banca. Actualmente los bancos representan la clase dirigente de usureros y corruptos que dirigen de forma despótica la economía mundial. Juegan a la ruleta con nuestro dinero, cobran préstamos a intereses abusivos, niegan el crédito a trabajadores y pequeños empresarios, y obtienen beneficios más que multimillonarios incluso en una crisis económica que ellos mismos han provocado y que ha llevado a la ruina a las administraciones públicas, al paro a 4 millones de españoles, y ha reducido las condiciones de vida de la clase trabajadora en general. La III República debe tener una banca pública que vele por el interés de los ciudadanos, y no por el enriquecimiento desmesurado de cuatro banqueros a costa de millones de personas. La banca privada es el robo legalizado.

Pero no basta con todo esto. La República debe garantizar unos derechos sociales básicos que permitan que los trabajadores que levantan este país tengan un nivel de vida decente. Y esto pasa por fijar constitucionalmente un máximo en la edad de jubilación que no debe pasar de los 63 años. Así nos evitamos reformas como la elevación de la edad de jubilación a los 67 años. Es inaudito que, en lugar de avanzar en derechos sociales, estemos retrocediendo. También hay que fijar la jornada laboral máxima de forma constitucional en, como mucho, 40 horas semanales, si bien yo soy partidario de una jornada de 35 horas. Por otro lado, no habrá modelo socioeconómico justo, ni derechos para los trabajadores si éstos no están movilizados para luchar por lo que es suyo. La III República deberá traer consigo una nueva legislación en materia sindical y una nueva ley del derecho a la huelga. Es inadmisible que la ley que regula este derecho sea de 1977, antes de que se aprobara la propia constitución monárquica en la que se reconoce el derecho de todos los trabajadores a la huelga. Es decir, la huelga está regulada por una ley anterior al propio derecho constitucional a la huelga. Sencillamente ridículo.

Otro problema importante que el actual sistema no ha sabido resolver es el problema territorial. En 1978 se aprobó un sistema de autonomías que supuso un avance en la vertebración territorial del Estado. Se acercaron competencias al ciudadano, se descentralizaron políticas, que pasaron de estar gestionadas por una lejana capital, a estarlo por personas de la misma región a la que iban destinadas. Pero este modelo está ya caduco. Ha estado bien como situación transitoria pero ha llegado un momento en el que no da para más, y se ha convertido en un lastre como lo fue en su día el estado ultracentralizado. Hay competencias duplicadas, y luchas por la transferencia de las responsabilidades, y conflictos a la hora de decidir que organismo es el encargado de solucionar cada problema. La república debe avanzar a un siguiente grado de descentralización, pero debemos hacerlo mejor que cuando se crearon las comunidades autónomas. Por eso yo defiendo una república federal cerrada, donde las competencias de cada nivel de la administración estén claramente delimitadas de forma inequívoca desde el principio.

Por último, debemos establecer una república que renuncie a la guerra como herramienta sistemática de política exterior. La república debe ser pacifista, y para ello, es necesario abandonar la OTAN y sacar del suelo español las bases militares americanas. Pero la renuncia a la guerra no significa la disolución del ejército ni, mucho menos, mandar al paro a todos los militares españoles. El mundo está sacudido por seísmos, huracanes, incendios y otras tragedias con un coste humanitario tremendo. Y en esas circunstancias, se necesta un cuerpo de profesionales disciplinados y con una gran preparación física. Ese debe ser el ejército del Siglo XXI.

Quiero terminar recordando unas palabras de Julio Anguita, que instaba a dejar de usar expresiones como “cuando venga la república”. La república no va a venir, va a haber que traerla. Es más, si no fuese así, si la república no es traída por las fuerzas progresistas y democráticas de la clase trabajadora, la república que vendrá será igual o peor que la actual monarquía.

¡Viva la III República!

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Mes de la República en el Blog de Fran Rey

Emulando la promoción del diario Público, voy a comenzar con un mes dedicado a la República. Comenzaré publicando un texto mio bastante antiguo (del año 2007, creo) ligeramente actualizado. Después, escribiré sobre cual es el modelo de república que yo defiendo, pues muchas veces nos quedamos con el ¡Viva la República!, pero no especificamos qué república es esa que queremos y, desde luego, en este tema no todo vale. EE. UU. es una república y, sinceramente, el modelo que yo defiendo dista bastante de ser el estadounidense. Por último, cubriré algunos de los actos republicanso que se celebren este mes.

¡Salud y República!

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría