Por qué quiero primarias abiertas.

Los partidos políticos nacen en el siglo XIX en el seno de los primeros sistemas parlamentarios, con el fin de agrupar a políticos que defendían causas comunes. El modelo de partido del siglo XIX no se parecía mucho al del siglo XX: no había carnés ni afiliados, simplemente relaciones de “lealtad” o “colaboración” entre determinadas personas o familias del partido.  Era un modelo de partido basado en el mismo modelo de sociedad que los sostenía: caciquil y oligárquico. El modelo de partido del siglo XX aparece, fundamentalmente, con la llegada de los partidos obreros, que introducen el concepto de militante. Desde entonces, las sociedades democráticas se ordenan en un sistema basado en que los ciudadanos eligen a los partidos, y éstos, a su vez, funcionan internamente en base a una militancia que, a consecuencia del hecho de que paga cuota, tiene la posibilidad de participar en las decisiones del partido, y elegir o ser elegido como representante de éste. De forma que, de nuevo, el funcionamiento interno de los partidos era un reflejo de las sociedades liberal-democráticas  del siglo XX (liberal-democracia, democracia restringida, democracia de mínimos o cualquiera de los otros nombres dados a este sistema son igual de válidos).

Hecho este pequeño apunte histórico, alguien puede preguntarse si el modelo de partido del Siglo XX sigue siendo válido en el siglo XXI o si, por el contrario, hay que sustituirlo por uno nuevo. En realidad, visto lo anterior, la pregunta se reduce a si los sistemas políticos del siglo XX (y, por tanto, el sistema de partido asociado a estos) siguen siendo válidos en el siglo XXI.

Personalmente, yo sostengo que los ordenamientos políticos del pasado siglo ya no sirven. Votar cada cuatro años no es suficiente democracia, la ciudadanía demanda un mayor poder de decisión, demanda poder tener un verdadero control sobre las instituciones públicas, y no se conforman con una democracia de mínimos. El modelo alternativo planteado, llamado democracia participativa, democracia 2.0, democracia real, etc., requiere también un modelo nuevo de partido adaptado a esta nueva realidad política. De la misma forma que el sistema de representación del siglo XIX y su sistema de partido asociado dejó paso al sistema del siglo XX, tanto de Estado como de partido, los que pedimos el paso hacia un sistema político propio del siglo XXI, debemos entender también la necesidad de configurar el modelo de partido adecuado a ese sistema.

Al igual que ocurre con el sistema político, del que el ciudadano se siente defraudado, pues considera que ya no es suficiente solo con votar cada cuatro años, también se siente defraudado con el modelo de partido actual, pues tampoco se conforma con votar lo que los partidos decidan darle. Quieren tener poder de decisión en la elección de los candidatos, en la elaboración de las listas…Quieren asegurarse de que el aparato del partido no coloca a sus candidatos y aleja del poder a aquellos a los que los ciudadanos verdaderamente quieren elegir.

El partido que no sea capaz de recoger estas demandas, no responderá a las necesidades de los ciudadanos, ni a las nuevas estructuras democráticas que están por venir.

El futuro es de las primarias abiertas, y el partido que no las acepte quedará, muy probablemente, fuera del espectro del votante mayoritario, y fuera de las alternativas políticas del siglo XXI.

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La Unidad Socialista

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Pablo Iglesias en uno de sus multitudinarios mítines en los que concienciaba a la clase trabajadora de la necesidad de luchar por sus derechos.

Desde que el 2 de Mayo de 1879, Pablo Iglesias fundara en la taberna Casa Labra el Partido Socialista Obrero Español, los socialistas han sido el motor fundamental de los avances políticos y sociales en España. Lo fueron en la consecución de la jornada de 8 horas, en la prohibición del trabajo infantil, en la petición del sufragio universal en unas elecciones democráticas, en la llegada de la II República, en el derecho a las vacaciones, en los derechos de la mujer… Desgraciadamente, en 1936, el General Franco, tras un golpe de estado contra el gobierno salido de las urnas, impone una dictadura de 40 años que sume al PSOE en la clandestinidad, diezmándolo en el interior, y permitiendo que nuevos elementos, que pertenecían realmente a las élites universitarias del franquismo, se hiciesen cargo del partido: Felipe González, Alfonos Guerra, Manuel Cháves…

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Logo del Partido de Acción Socialista (izquierda), anteriormente PSOE histórico. Uno de los fundadores de IU.

No obstante, estos franquistas disfrazados de marxistas (poco les duraría el disfraz) no
pudieron hacerse con el control de todo el PSOE, sino sólo de una parte, que pasó a ser llamada PSOE renovado o PSOE (r), mientras que el resto del partido, dirigido por Rodolfo Llopis, se llamaría PSOE histórico o PSOE (h). Desgraciadamente, las autoridades del Régimen despojaron a los segundos de su nombre y entregaron las siglas del PSOE a los renovados, pasando a llamarse los históricos Partido de Acción Socialista (PASOC), que sería uno de los partidos fundadores de Izquierda Unida. Por otro lado, dentro del propio PSOE (el renovado, que era el único que podía usar ese nombre) se estaban llevando a cabo los cambios que lo convertirían, de forma brusca y radical, en el partido neoliberal que es ahora, ante lo cual, algunos socialistas (los pocos que aún quedaban) se organizaron en la corriente Izquierda Socialista. La división del socialismo estaba servida: de los socialistas renovados e históricos, pasábamos a los socialistas del PSOE y los socialistas de IU, ambos minoritarios en sus respectivas organizaciones.

Hoy, el panorama no es diferente. El socialismo sigue dividido, al menos, en cuatro vertientes diferentes, y es que a los pocos socialistas que quedan en el PSOE (Izquierda Socialista), y a los socialistas de Izquierda Unida (agrupados ahora en Recuperando el Socialismo), hay que añadir a los compañeros de Alternativa Socialista, que si bien se presentan en dentro de Izquierda Plural y, por tanto, en coalición con IU, no forman parte de ésta, así como a los socialistas que forman parte de Podemos (ISI). De esta forma, el panorama socialista se encuentra en un grado de división como nunca se haya visto: los socialistas están en todos los frentes de izquierdas (más el PSOE, que de izquierdas tiene poco o nada), pero debido a esa división, son insignificantes en cada uno de ellos. Así el gran ariete en favor de la democracia y los derechos sociales que otrora fundase Pablo Iglesias, esto es, el socialismo español, está más debilitado que nunca. Y es que, si la unidad hace la fuerza, es evidente que la división la destruye.

Decían Marx y Engels aquello de “proletarios de todos los países, uníos”. Con la misma fuerza, la misma motivación, pero un mayor grado de ridiculez (pues no hay motivo para que los socialistas de un mismo país actúen divididos) yo he de gritar hoy: “socialistas de todo el estado español, uníos”.

Llopis

Rodolfo Llopis, primer líder del PSOE histórico, después conocido como PASOC, uno de los partidos fundadores de Izquierda Unida.

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Feliz día no oficial de Asturias, feliz 25 de Mayo.

El 25 de Mayo de 1808, en el contexto de la invasión francesa, y la monarquía de José I, impuesta por su hermano, el emperador Napoleón, la Junta General del Principado de Asturias, se proclama soberana, y declara la guerra a Francia.

Sin embargo, no fue éste, como algunos creen, el momento de la fundación de la Junta General, sino que había existido anteriormente (de forma intermitente), desde, al menos 1833. No se sabe si pudo o no existir antes de esa fecha, pero parece que fue el producto de la condensación de las distintas soberanías repartidas por los concejos de Asturias (y es que aunque en Asturias pensamos que concejo y municipio son sinónimos, y que esta doble denominación se repite en el resto de España, en realidad hace referencia a los antiguos conceyos, donde la gente aconceyaba, que es la expresión que se utiliza en asturiano para referirse a una reunión asamblearia). En cualquier caso, el momento álgido de la historia de nuestra Junta General, hoy sede de la soberanía asturiana, es el momento de la Guerra de la Independencia.

Queda bien establecido en los libros de texto, que el momento que se considera como final de la Edad Moderna, y comienzo de la Edad Contemporánea, es la Revolución Francesa. No obstante, este punto que, en promedio, es válido para todo el mundo, no da cuenta de cuando fue, en cada lugar, el momento exacto de ese cambio histórico, que supuso la caída de las instituciones del Antiguo Régimen y el comienzo de unas instituciones nuevas. En España, el momento idóneo para fijar el inicio de la Edad Contemporánea es, posiblemente, la proclamación de las Cortes de Cádiz. En Asturias, el equivalente, es la proclamación de soberanía de la Junta General del Principado de Asturias. Fue también en este momento cuando, al parecer, comenzó a usarse la actual bandera de Asturias, que ondeaba en los mástiles que portaban los ejércitos asturianos en su lucha contra el invasor francés.

Es, por tanto, más que curioso que un día tan importante, el 25 de Mayo, no sea fiesta, ni tenga ningún tipo de conmemoración, como ocurre, por poner un ejemplo muy similar, con los fusilamientos del 2 de Mayo en Madrid. En su lugar, tenemos establecido como día de Asturias el día 8 de Septiembre, por ser el día que en el calendario católico, corresponde a la Virgen de Covadonga. No me parece procedente que en un estado aconfesional, se establezca el día de Asturias, no en base a un importante acontecimiento histórico y político, como el que ocurrió el 25 de Mayo de 1808, sino en base a una celebración religiosa, que no significa nada para todos los asturianos que no formamos parte de esa religión concreta, o de ninguna otra.

Desgraciadamente, la no celebración del 25 de Mayo es algo de esperar en un país que no festeja ni siente orgullo por ninguno de sus libertadores del siglo XIX, como sí que lo hacen la mayoría de las democracias del mundo: Francia con la Revolución Francesa, EE.UU. con la Guerra de la Independencia y George Washington, o buena parte de los países latinoamericanos con Bolívar. De la misma forma que no le ofrecemos el reconocimiento adecuado a los héroes del 25 de Mayo, tampoco se lo damos a los ilustrados asturianos y, especialmente, nos olvidamos muy a menudo de un asturiano que a todas luces, es el equivalente español de George Washington o Simón Bolívar: Rafael del Riego. Riego fue el gran héroe de la Guerra de Independencia contra los franceses, además de un defensor de los sistemas constitucionales y del parlamentarismo, frente a la monarquía absoluta. Por eso, cuando Fernando VII, conocido como el Rey felón, decide ir contra la Constitución de 1812 e imponer una monarquía absoluta, Riego se pronuncia contra él, le retira el poder absoluto, y vuelve a poner en funcionamiento el sistema constitucional. Desgraciadamente, Fernando VII planeó la invasión de España por un ejército extranjero (Los cien mil hijos de San Luís) que le devolviese el poder absoluto, después de lo cual, Riego fue ejecutado. Se convertía así en un mártir en la lucha contra la tiranía.

Por todo ello, quiero aprovechar este día no oficial de Asturias, no solo para felicitar a todos los asturianos y despedirme con el Asturias Patria Querida, sino también para recordar a todos los ilustrados asturianos, precursores de las ideas democráticas no solo en Asturias, sino en España.

¡Puxa Asturies!

 

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¿Democracia o Mercados? ¿Tsipras o Merkel?: Tú eliges.

En las próximas elecciones, los ciudadanos de la Unión Europea nos jugamos nuestro futuro. Y no solo para los próximos cinco años, sino, posiblemente, para toda una generación. Estas elecciones, en las que habitualmente suele haber una elevada abstención, son de extraordinaria importancia, pues es desde Europa desde donde se nos está imponiendo un nuevo modelo político, social y económico: el neoliberalismo.

En el neoliberalismo, los derechos sociales no existen. Los neoliberales no encuentran ninguna razón para que el Estado, sufragado con los impuestos de los contribuyentes, proporcione unos derechos sociales básicos a la ciudadanía. Tampoco entienden que los mercados estén regulados (como lo están el tráfico, la pesca, y cualquier otra actividad en el que la acción de una persona repercuta en las demás) y se atengan a normas y leyes, para evitar que el instinto de algunos por enriquecerse todo lo posible, no provoque el empobrecimiento de otros. Y, desde luego, no pueden soportar que cualquier decisión popular y democrática de la mayoría, pueda suponer un obstáculo para sus intereses, por eso son firmes detractores de la democracia, por eso impusieron gobiernos “tecnocráticos” (eufemismo para decir que apartaron de su puesto al presidente electo por el pueblo y pusieron otro a dedo) en Grecia o en Italia.

Por todo ello, estas elecciones son extraordinariamente importantes. Pues debemos emplearlas en frenar al neoliberalismo. Si no lo hacemos, no valdrá con probar suerte dentro de otros cinco años, pues terminarán de imponer su modelo, y perderemos una oportunidad histórica. Una oportunidad perdida que supondrá más recortes, y menos democracia, hasta la aniquilación total del estado democrático y social. Si alguien cree que estoy siendo pesimista en exceso, es que realmente no ha vivido en este mundo los últimos años ¿Acaso no ha habido un enorme retroceso en derechos sociales y democráticos? ¿Qué nos esperará con otros 5 años de gobierno de Merkel y su troika? No nos la podemos jugar, porque no nos estamos jugando el presente, que es nuestro, nos estamos jugando el futuro, que pertenece a las generaciones siguientes.

Frente al modelo neoliberal de Merkel y la Troika, el modelo que defienden los conservadores y los socialdemócratas europeos, representados en España por PSOE, PP y UPyD, surge la alternativa del Partido de la Izquierda Europea. Una alternativa que nace espontáneamente en Grecia, el país que más ha sufrido los brutales ataques del neoliberalismo. La alternativa se llama Alexis Tsipras, un hombre que consiguió aglutinar a toda la izquierda griega bajo un nuevo partido, SYRIZA, y que se presentó a las elecciones generales en Grecia. La aparición de Tsipras supuso un verdadero revuelo entre las hordas neoliberales que, por primera vez en años, se sentían realmente asustadas, pues por fin existía una alternativa que podía devolverle al pueblo el poder robado por esos llamados mercados, que no son más que los especuladores financieros, los jefes de Angela Merkel. Los neoliberales trabajaron duramente para evitar la victoria de Tsipras, hasta el punto de llegar a la inédita situación de que todos los peces gordos europeos (Merkel, Draghi…) participaron activamente en la campaña electoral griega, intentando asustar a los posibles votantes de Tsipras. Consiguieron que Tsipras no ganara, pero quedó segundo por muy poca diferencia, un resultado muy bueno teniendo en cuenta la campaña tan brutal en su contra. Para más inri, todas las encuestas señalan que SYRIZA ganará las próximas elecciones generales en Grecia. La Troika puso toda la carne en el asador, pero solo pudo retrasar lo inevitable: su propia derrota a manos del pueblo griego al que tanto han maltratado. Derrota que espero que se repita en todos los demás países del sur, que hemos sido víctima, al igual que Grecia, de un golpe de estado moderno, no con guardias civiles en el congreso, sino con banqueros y especulación financiera.

Alexis Tsipras, candidato del PIE a presidente de la Comisión Europea

Es el momento de poner punto final a los ataques del neoliberalismo a la democracia y a los derechos sociales, llegó la hora de votar, pensando no en la gestión del sistema, sino en cual es el sistema que queremos: un sistema inhumano, antidemocrático, en el que los ciudadanos no sean más que mercancía en manos de oligarcas y banqueros, o un sistema profundamente democrático y que garantice los derechos sociales. Solo el pueblo defiende al pueblo. Llegó la hora de votar a favor de la esperanza que surgió en Grecia, el hombre que hizo temblar a Angela Merkel. El voto útil, el voto que defiende tus derechos, el voto que pide más democracia, es el voto a Alexis Tsipras, es el voto al Partido de la Izquierda Europea.

En España, el Partido de la Izquierda Europea está representado por Izquierda Plural, una coalición resultado del descontento social, las mareas, y las luchas en la calle, que han propiciado el encuentro en una misma candidatura de doce organizaciones, unidas para devolver el poder a la gente. Entre las 12 organizaciones que integran Izquierda Plural se incluyen Izquierda Unida (IU), Alternativa Socialista, Los Verdes, ANOVA o ICV.

Por eso, en estas elecciones, tú decides: ¿Democracia o Mercados? ¿Poder popular, o austericidio? ¿Merkel o Tsipras? Si apuestas por el cambio, en estas elecciones, tu opción es Izquierda Plural.

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Izquierda Unida se presentará a las europeas en una gran coalición de izquierdas con representación socialista.

Desde Recuperando el Socialismo, colectivo que trata de agrupar a los socialistas que militamos en Izquierda Unida, así como de incorporar a la pluralidad ideológica de IU la tradición socialista española, nos congratulamos enormemente de la coalición alcanzada entre IU y otras fuerzas políticas para unir a la gran mayoría de las izquierdas del estado español bajo unas mismas siglas en estas elecciones europeas.

Además, vemos con ilusión que uno de los partidos que formará parte de esa coalición es un partido hermano, Alternativa Socialista, figurando como miembro de la lista electoral Carlos Martínez, co-primer secretario de dicha organización.

Nos alegramos de que se sume un partido socialista a la misma lista electoral en la que va nuestra organización política, Izquierda Unida, y esperamos que éste sea el comienzo de una SYRIZA española, dentro de la cual estemos los socialistas de izquierda, unidos bajo una misma bandera, como hubiera querido Pablo Iglesias, y como habríamos estado antes de que los felipistas nos robaran las siglas del Partido Socialista Obrero Español.

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El asunto catalán (Parte 2 de 2)

La CiU independentista


El nacionalismo catalán de CiU, heredero del nacionalismo histórico catalán liberal de la Lliga y otros partidos, nunca se había mostrado independentista, simplemente se había dedicado a pedir más autogobierno, especialmente económico. El objetivo real de este tipo de nacionalismo nunca ha sido otro que el de no pagar impuestos al resto de España. Si bien es evidente que este planteamiento es tremendamente egoísta e injusto, hemos de decir, que en España hay dos comunidades autónomas que tienen prácticamente ese sistema fiscal: Navarra y País Vasco. Y aquí es donde entra el repentino independentismo de CiU. El grito de Artur Mas en favor de la independencia tiene dos objetivos: el primero es, como ya hemos dicho en la anterior entrada, crear una cortina de humo contra sus políticas neoliberales, que están recortando derechos sociales mientras se beneficia a las grandes fortunas catalanas, a cuyas órdenes está CiU; el otro, es pedir para Catalunya el mismo nivel de privilegios fiscales que tienen Euzkadi y Navarra. Para ello, necesita crear una masa en favor de la independencia, y, además, necesita difundir la idea de que Catalunya y su gobierno están resueltos a independizarse, pero siempre dejando caer que esto no habría sido así si el gobierno español fuese más “amable” en términos fiscales con Catalunya, de forma que, en un momento dado, para evitar esa independencia, se les concedan los privilegios fiscales de Euzkadi y Catalunya. Así, al concierto navarro y el concierto vasco, añadiríamos un concierto catalán, de forma que se daría la paradoja de que los que más tienen, menos aporten a las arcas públicas, generando terribles desigualdades sociales entre unos territorios y otros, que violan claramente el principio constitucional de igualdad de derechos entre todos los españoles.

La solución que yo propongo

Frente a un sistema centralizado, caro, e ineficaz, como al que pretenden volver a algunos, que renuncie a los grandes avances que hemos hecho a la hora de acercar la administración al ciudadano; frente al actual sistema de comunidades autónomas, que ni es centralizado ni federal, donde hay competencias duplicadas, y otras que parece que nadie sabe de quién son, donde hay comunidades autónomas (como Asturies) que son regiones de un estado centralizado, y otras (como Euzkadi y Navarra) que son estados propios de un sistema confederal; y, por último, frente a la idea del independentismo, que solo provocará volver más débiles a las dos partes, yo defiendo un para España un sistema federal, cerrado (es decir, las competencias están claramente marcadas en la constitución federal) simétrico (todos los estados federados son iguales, no como ahora, que hay comunidades de primera y de segunda) y culturalmente plural, donde se fomente que no existe una cultura española o una uniformidad española, todo lo contrario, tenemos la suerte de ser un crisol de pueblos, de ser un país pluricultural, y todas esas culturas deben ser fomentadas. Desde determinados sectores centralizadores y uniformizantes se dice que cuando un asturiano, por ejemplo, quiere ser más asturiano, quiere que se fomente la cultura y la lengua asturiana, es que es nacionalista asturiano, es mal español… ¿Podrá haber un sinsentido mayor? Si asumimos que Asturias es parte de España, ¿Cómo, por ser más asturiano, voy a ser menos español? Será justo al contrario, al ser más asturiano, soy más español, porque Asturies es una parte de España. Mal español no es el que lucha por la llingua asturiana, es el que reniega de ella, pues, al ser esta una parte importante de una de esas culturas que posee España, al renegar de ella está renegando de un rasgo cultural del estado español

Pero no basta con cambiar el modelo de estado para poner fin al problema catalán pues, si bien es cierto que, tal vez, muchos catalanes estén más cómodos con un sistema federal pluricultural, y es posible que disminuya claramente el número de independentistas, no es menos cierto que los independentistas que existan seguirán fomentando el problema catalán. La solución a este respecto la tiene el primer ministro británico, David Cameron. Teniendo un problema similar con escocia, ha convocado un referéndum sobre la independencia del país. Cuando el referéndum se convoque, y salga No, los independentistas se quedarán sin herramientas políticas. En Reino Unido esto puede hacerse porque no hay una cosntitución que lo impida. En España nuestra constitución debería reconocer el derecho a la autodeterminación, y debería establecer, en caso de que una comunidad quisiera independizarse, en base a qué términos se llevaría a cabo esa independencia (que parte de la deuda se llevaría consigo, si debería indemnizar a la otra parte por los problemas causados por esa independencia, etc…). De esta forma cuando se convoque un referéndum independentista en Catalunya, y salga No (que es el resultado que dan todas las encuestas) se acaba el problema Catalán. Ya no existe el argumento de que los catalanes son un pueblo oprimido que quiere independizarse y al que España no le permite decidir, nada de eso, el resultado del referéndum significará que los catalanes son españoles, básicamente, porque democráticamente han decidido serlo.

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El asunto catalán (Parte 1 de 2)

El 28 de Noviembre de 2010 CiU gana las elecciones autonómicas catalanas. No hablamos de un partido nuevo, hablamos del partido que ha gobernado Catalunya prácticamente durante la totalidad del periodo constitucional del 78, y durante todo ese tiempo, nunca se había mostrado como un partido independentista, al menos, hasta ahora, pues, como es sabido, Artur Mas está embarcado en una aventura soberanista dificilmente explicable. ¿Cómo se ha llegado a esa situación? ¿Cuál es la solución? En este artículo trataré de responder a ambas preguntas.
Guerra de Sucesión y Guerra Carlista.
Elegir una fecha para fijar el nacimiento de España es verdaderamente complicado y polémico. Desde luego, la idea de que España nace con los Reyes Católicos, como pretendía imponer el franquismo, no se ajusta a la realidad histórica. En tiempos de los Reyes Católicos Navarra era independiente y, muerta Isabel, Fernando sigue siendo rey de Aragón, mientras que la hija de ambos, Juana, pasa a ser reina de Castilla. Normalmente los historiadores oscilan entre dos fechas para fijar el nacimiento de España: La proclamación de Madrid como capital, por parte de Felipe II, y la unificación institucional mediante los Decretos de Nueva Planta, por parte de Felipe V. La llegada de Felipe V a la corona supuso una guerra, llamada Guerra de Sucesión, entre los partidarios de Felipe V, de la casa Borbón y los partidarios del Archiduque Carlos, de la casa Austria. Cataluña se posicionó del lado del Archiduque, y, tras la victoria del candidato Borbón, la represión contra los austricistas fue notable. Cataluña perdió aquí su autogobierno, y este hecho quedaría fijado en buena parte del pensamiento colectivo catalán.

carlismoSiglos después, la historia se repite. A la muerte de Fernando VII, estalla una guerra entre los partidarios de su hija, Isabel, y los partidarios del hermano del difunto Rey, Carlos María de Borbón. Isabel fue apoyada por los liberales, que mayoritariamente defendían un sistema centralista, mientras que los seguidores de Carlos, partidarios del Antiguo Régimen, defendían los llamados fueros, es decir, una serie de derechos que poseían determinadas regiones. El carlismo tendría un importante peso en el surgimiento de los nacionalismos periféricos.

El surgimiento de los nacionalismos periféricos.
Con la llegada del liberalismo, aparece también el concepto de nación y, asociado a él, el nacionalismo. El Cambonacionalismo español aparece como reacción a la invasión de los franceses, y se articula en torno a los liberales españoles y la constitución de 1812 y sus sucesoras. Pero además del nacionalismo español surgen también nacionalismos periféricos, de dos tipos:

  • Un nacionalismo liberal, basado en los mismos conceptos que el nacionalismo español. Aparece fuertemente en Cataluña y es representado durante la restauración por partidos como la Lliga.
  • Un nacionalismo reaccionario, que desciende directamente del carlismo, y que surge en aquellas regiones con fueros defendidos por los insurrectos carlistas. Este nacionalismo, debido a su origen, era profundamente conservador, antiliberal, católico, y, en general, muy reaccionario. Su máximo exponente fue el PNV, fundado por Sabino Arana, un carlista reconvertido al nacionalismo vasco.

La diferencia entre ambos tipos de nacionalismos era notable, mientras el segundo era marcadamente independentista y, en general, xenófobo (Arana llamaba despectivamente Maketos a los no vascos), el primero era un nacionalismo más moderado, que defendía una España plurinacional y descentralizada.

CiU

Convergencia Democrática de Cataluña, el partido fundado por Jordi Pujol, pretendía ser sucesor de ese nacionalismo liberal de la Lliga, que propugnaba posiciones nacionalistas moderadas, más basadas en la adquisición de competencias que en la lucha por la independencia. Por su parte, Unión Democrática de Cataluña, aunque tenía orígenes relacionados con el carlismo, en su mayoría adoptó también un nacionalismo muy similar al de convergencia. Así, veíamos a una CiU que, durante décadas, gobernó una Cataluña española sin acarrear ello grandes problemas, y que pactaba con el PP y el PSOE en Madrid sin exigencias independentistas. En cambio, por aquel entonces, el PNV proponía el Plan Ibarretxe y su presidente, Arzalluz, hablaba de “raza vasca” en función del Rh de la sangre. ¿Cómo es posible que, ahora, CiU sea más independentista que el PNV?

El nacionalismo catalán hoy.
Hay un antes y un después en las relaciones de Cataluña con el resto de España (mal llamadas relaciones de Cataluña Pujol_Aznarcon España, como si Cataluña no fuese España). Ese momento es la segunda legislatura de José María Aznar, esa legislatura que empieza con el grito de los militantes del PP en Génova de “Pujol, enano, habla castellano”.  El PP tiene mayoría absoluta, no necesita a sus otrora aliados de CiU y PNV para pactar. El Aznar que hablaba catalán en la intimidad desaparece, y llega un nuevo Aznar, que hace gala de un nacionalismo español que confronta fuertemente con los nacionalismos periféricos. En esa lucha entre nacionalismos, empieza un ataque a todo lo catalán. La estrategia del PP era clara: En Cataluña no se vota al PP, se hable desde el PP mal o bien de Cataluña, por tanto, se puede sacar rédito electoral a crear una guerra entre Cataluña y el resto de España, que aumente los votos del PP en esas otras autonomías en las que sí se vota a ese partido. El resultado de esa política de ataque constante a Cataluña es que en las siguientes elecciones generales, Esquerra Republicana de Catalunya, el único partido del Parlament Catalán que era claramente independentista, pasa de 1 a 8 escaños en el Congreso de los Diputados.

La llamada catalanofobia aumenta drásticamente cuando Zapatero llega a la presidencia, pues el asunto catalán pasa a ser un arma del PP para desgastar a ZP. La idea con la que el PP quiere jugar es, de nuevo, transmitir al resto de españoles que ZP es aliado de los catalanes, que son unos señores muy malos, y ZP, que también es muy malo, va a ayudarles a romper España. Es curioso que en esta época, donde el independentismo era todavía una facción minoritaria en la política catalana, ya se insista en que los catalanes quieren separarse y romper España. Este mensaje llegó a calar en parte de la sociedad, y se empezó a oír hablar de boicot a los productos catalanes, a la par que se escuchaban insultos de todo tipo hacia todo lo catalán. ¿Cómo me sentiría yo, que soy asturiano, si veo que el resto de los españoles hablan de boicot a los productos asturianos, y nos insultan sin cesar? Pues así es como se sentían los catalanes. Y, evidentemente, en ese caldo de cultivo el independentismo creció notablemente.

catalanofobia

La gota que colmó el vaso fue el estatuto de autonomía de Cataluña. La reforma de los estatutos de autonomía siguen el siguiente proceso: primero, han de ser debatidos y aprobados en el parlamento autonómico, después, han de ser debatidos y aprobados en el Congreso y, finalmente, el texto resultante vuelve a ser votado por el parlamento autonómico, no sea que caigamos en el ridículo de que, tras los cambios hechos en el Congreso, se apruebe un estatuto que no cuente con el respaldo de la autonomía en cuestión. En el caso del estatuto de Cataluña, las modificaciones realizadas en el congreso hicieron que ERC retirara su apoyo al texto, y afirmase que la voluntad de los catalanes había sido truncada en Madrid. Más adelante, el tribunal constitucional sentenciaba que el estatuto, votado en referéndum por los catalanes, era inconstitucional, aunque, en realidad, la mayoría de las taras encontradas por el tribunal constitucional eran referidas a asuntos menores. La forma en la que el tribunal dictó la sentencia (completamente cargada de juicios de valor, con cargos sin renovar, y dictando inconstitucionalidad de algunos artículos presentes en otros estatutos de autonomía) causó un profundo descontento en Cataluña, descontento que sería utilizado por una CiU que iba a recuperar el gobierno, e iba a llevar a cabo drásticos recortes sociales. Necesitaba una cortina de humo, y la encontró en la independencia.    

Continuará en la próxima entrada…

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